CORRESPONSALES DE URGENCIA. POR MARIANA ORTIZ LOSADA

Hoy, en este contexto de confinamiento, aislamiento social obligatorio y amenaza de muerte a causa de un virus del que casi nada sabemos, vivimos con la sensación de que mucho de lo que fue dicho “antes de” está perimido o ahora, ya mismo, no es de  utilidad. Al desasosiego se le suma, por contraste, el requerimiento de representaciones que den cuenta de lo que pasa y nos pasa. Por estos días lo único que a algunos nos mantiene medianamente en paz es leer a quienes se animan a decir, aunque se equivoquen o sepan que lo que arriesgan es provisorio y hasta erróneo. Ante el espesor de la incertidumbre, se patentiza la necesidad de discurso, de ficción, de metáforas que nos ayuden a habitar un mundo que se parece mucho a un ultimátum.

En el margen inaugura, esta nueva sección. Nueva, no sólo porque es otra distinta a las que ya existen, también porque aquí no se hablará estrictamente de psicoanálisis. Esto último por dos razones:

Afirmamos fuerte que es necesario para la existencia, no sólo de las personas sino también de los discursos, entrar en contacto con lo otro. Más todavía, si lo otro también es lo que estamos atravesando.

De todos modos y pese a todo, continuamos dentro de la ética del decir. Una ética que lanza a la totalidad del Logos (el modo como Lacan mencionó a la comunidad en tanto soporte de la dimensión simbólica) otra cosa que datos,  y, a la vez que procura seguir diciendo, continúa tramando lo que urge.

Dadas las circunstancias, llamamos a esta sección Corresponsales de urgencia.

El texto que hoy publicamos pertenece a Mariana Ortiz Losada, actriz y escritora.

 

Editorial Helga Fernández y Ricardo Pereyra

 

SUSTANTIVOS

En el principio me pareció que tachar toda la agenda podía representar un caos y tomé la decisión de pintar todo de blanco, quizás con una esperanza que hoy ya veo como demasiado ilusa.

Ante la imposibilidad de hacer listas de acciones y con el enorme costo político que deviene de ello a cuestas, me incliné por nominar los días con algún sustantivo imperante.

PÉRDIDA

Lo que es: el teatro ya no sucede. ¿Muere? No transpira, ni respira, no incomoda los cuerpos, mutilado. Asfixiado, aplastado, pausado, sin textura posible.

Voto perderlo antes que hacer de cuenta que hago de cuenta.

Sumergirme en la pérdida, como cuando contábamos cuánto aguantábamos la respiración, con mi hermana, en la Pelopincho naranja.  ¿Cuánto aguantábamos?

EXILIO

Esta vez ya estaba preparada. Detesto las sorpresas; y si bien aún no pude aprender boxeo, espero el apocalipsis desde siempre. Desterrando sentidos de pertenencia y lógicas de resistencia, me fui de casa. Antes. Todavía no nevaba.  Gran movimiento, obertura.

ENCIERRO

Lo que no es ésto, es estar encerrada; frente a huellas rotundas de los verdaderos encierros me es imposible usar esa palabra. Insisto, a mí me es imposible, porque estoy constituida por el relato de un presidio, de un secuestro, de cuarenta y cinco días de centro clandestino. No me habilito el derecho de sentirme encerrada. Cuido las palabras que aprisionan.

FIEBRE

Los que fueron bien reales son los treinta y ocho grados de temperatura que me subieron por el cuerpo. Treparon desde abajo, intenté no pensarlos; pero a medida que se abalanzaban sobre el estómago, las fotos de mañana me dejaban más y más sola. Ni hablar cuando llegaron a la garganta: la estrangularon y con un hilo de voz redacté mi testamento. Parapetados en mis ojos desencadenaron las lágrimas que tenía reservadas para el día siguiente y finalmente, cuando tomaron mi cabeza, instalados en el flequillo que nunca llegué a tener, me pusieron frente al dolor de los que no podrían velarme.

COREOGRAFÍA

La potencia de lo simultáneo.

Una señora en Hamburgo da un paso hacia adelante, se ajusta el cuello polar, alto.

Un padre de familia, conurbano, también da un paso hacia adelante.

Otro padre, quietecito, mira dando su paso, adelante.

La muchacha, en Buenos Aires,  el pibe que vive al lado,  todos dan su paso, adelante.

Yo misma, sin querer evitarlo, me sumo a la cadencia y aporto mi paso, adelante.

Las dos vimos la misma danza, tanto en Hamburgo como en Buenos Aires.

Fue cuando el minué tomó la fila del supermercado.

Incluso la aparición desde el hombro izquierdo del escenario, de la mujer despeinada que nos obligó a todos a los pasos laterales, sincopados, cumplió su función dramática en la pieza. Cigarrillos buscaba, tres atados.

VIDRIERA

Las pantallas, los rostros azulados, los soportes, los sitios, las plataformas… ¿aislamiento? Inmune a la fábrica de estados, resisto a esta hiperconexión con las intimidades…pero me distraen y no me dejan oír los lamentos ciertos.

OTROS ENCIERROS

Un abuelo en la Antártida. Otro abuelo escapando del Paraguay.

Un padre desaparecido. Otro padre clandestino, sin poder volver a su casa por años.

Los encerrados adentro y los encerrados de afuera.

Su encierro vasto y silencioso. La libertad escurrida. La Historia.

Y después está el misterio del tiempo, cómo cambia la luz que entra por esta ventana, la imposibilidad de la forma, el descubrimiento de los sinceros ritmos, las voces.

Lo que quede de cada noche y las manos de mis sobrinas arañando un abrazo.

No me sale pensar otro holocausto, contar muertos, esperar nada.

He habitado el dolor incomprendido, conociendo el sufrimiento de los que no saben nombrarlo. El calvario es de antes, no conoce fechas ni vacunas. Late en el HIV de una alumna de trece años, en el barro, en las bocas sin dientes del hospital psiquiátrico, en las piernas cansadas de mi madre que corre detrás de una justicia abarrotada de espanto.

El virus circula comunitariamente desde antes de antes.

EXTREMOS

Escribir desde una punta, un vértice, pequeño y no poder habitar la arista, sino hasta el vértice opuesto. Una vida de péndulo, extremista. Con enormes espacios desiertos.

Un poliedro que gira sin resolver las distancias, un cuerpo argentino, medianamente castigado, abstinente de la luminosidad de la escena, balbuceando.

 

La autora

Mariana Ortiz Losada, actriz; dirige, escribe, produce y gestiona diferentes proyectos en el campo de las artes escénicas. Además, sostiene – en grupo – una sala de teatro independiente, una compañía de payasas, talleres para niños y niñas desde la óptica de la educación por el arte y una asociación civil con la que integra búsquedas artísticas en el campo del trabajo comunitario.

También lleva adelante proyectos de co-producción internacional -whorkshops y espectáculos- con Fernanda Ortiz, su hermana , artista y coreógrafa radicada en Alemania, con el fin de profundizar en el fenómeno de la globalización y de la homogeneización de discursos, haciendo foco en los hechos históricos que , tanto en otros países del mundo como en Argentina, desencadenaron migraciones, dictaduras y genocidios desde hace más de un siglo, con el fin de constituir sucesos de reflexión activa que permitan hacer visibles las huellas de la historia.

El 16 de marzo cerró el teatro. “Lo demás es silencio”

 

 

2 comentarios en “CORRESPONSALES DE URGENCIA. POR MARIANA ORTIZ LOSADA

  1. El texto de Mariana Ortiz losada con- mueve poéticamente el peso del sentido que pandemiza la existencia
    Extraigo una frase
    “Lo que no es ésto, es estar encerrada; frente a huellas rotundas de los verdaderos encierros me es imposible usar esa palabra.”

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  2. Una parcial reducción de movimientos se adivina en esta prosa de quien se sienta a darles nombres a los dias y poner en el papel recuerdos, reflexiones, escenas vividas. La impresión general que me deja este collage de prosa condensada, lacónica, es la de una libertad que con algo de angustia se cerciora de su posición y sus recursos. Yo como muches otres estoy sediento de prosa de peso, de relatos de hoy, de la palabra de alguien despierto que quiera compartir. Gracias por esta Corresponsal de urgencia! Un saludo desde Hamburgo.
    Mauricio Isaza C.

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