Historias clínicas. Descongelar el mundo. Por Gabriela Cuomo y Patricia Martínez.

Responsable de la sección: Patricia Martínez.


Desde Historias clínicas compartimos un texto de Gabriela Cuomo, psicoanalista, amiga y compañera de trabajo. 

Se trata de un relato breve del encuentro con un niño que podría haber sido transformado en el portador de una sigla que lo nombre y pasar a engrosar el universo de los TEA-TGD O TEL.

Otra fue su suerte al cruzarse con una analista que le tira la pelota, que pone a rodar un llamado esperando respuesta.


Descongelar el mundo. Por Gabriela Cuomo.

El oficio de la palabra,
más allá de la pequeña miseria
y la pequeña ternura de designar esto o aquello,
es un acto de amor: crear presencia. 

R. Juarroz

Sexta poesía vertical, 1975

Sucede a veces que en algunos niños la palabra se congela (Coccoz, 2016) y el mundo no se corpo-reifica (Lacan, 1975).  La dificultad para residir en el discurso y abrigar el cuerpo con el semblante, los lleva a experiencias angustiantes y de avasallamiento, por no disponer de un tamiz que organice la realidad.  Podemos sellar esa circunstancia como autismo o trastorno generalizado del desarrollo.  Tipificar y medir sus competencias y/o habilidades armando un perfil.  Podemos seguir a la ciencia en su insistente carrera por circunscribir la causa.  Quienes, desde la orientación del psicoanálisis, recibimos en ocasiones a estos niños en la consulta, vamos a la pesquisa de esos recursos que intentan armar para orientarse en el mundo y tolerar la presencia de los otros y de ese parásito que es el lenguaje.  Nos ofrecemos como compañía en ese intento de producir una atmósfera pacificante (Di Ciaccia, 2003), un entorno que cobre vida y se vuelva habitable.  Encarnamos una presencia no intrusiva y apostamos a transformarnos, como dice Donna Williams (2012), en un guía que sigue al niño en sus inventos. La pandemia y la atención remota han suscitado diferentes encuentros y hallazgos inesperados para quienes estamos en esa aventura.

Conocí a R. 2 meses antes de que la pandemia se declarara.  Tenía entonces 2 años y medio.  Sus papás consultaron a partir de la alerta de la pediatra por su demora en el lenguaje.  R. no se dirige prácticamente a ellos con la palabra, ni responde a su nombre o al llamado.  Tiene un interés rígido por el juego con autos.  Y reacciona explosivamente con llanto y gritos cuando se interfiere en la actividad que realiza.

La única maniobra que generó, durante esos primeros encuentros en el consultorio, un mínimo consentimiento a mi presencia se suscitó en la sala de espera, la madre sentada y él deambulando por el espacio.  Me mantuve a distancia y con una pelota pequeña empecé a llamarlo y anunciarle que se la iba a pasar, en algunos tiros buscando tocar su cuerpo con la pelota y en otros haciéndola rodar por el piso hasta donde él estaba.  En el breve tiempo que duró esa secuencia, hubo de su lado risa y algunas devoluciones de la pelota, siempre a distancia de mi cuerpo.

Los padres no accedieron de inmediato a la atención remota ofrecida. Se comunican un tiempo después angustiados por no saber cómo manejarse con R., quien sorpresivamente empezó a llamar al padre y a utilizar el NO para demostrar su oposición.  Nos encontramos por videollamada, R. deambula en su casa mientras converso con su mamá.  Lo llamo y aproximo algunos objetos del consultorio a la pantalla, anunciando que van a su encuentro.  Se detiene entonces frente a la pantalla, mira y sonríe. Reproduce ese gesto de su lado con algunos de sus juguetes.  A partir de ese cruce, cada consulta alterna entre su deambular por el espacio y momentos breves donde interactúa con mi imagen en el teléfono. Oculta y hace aparecer algunos juguetes, usa agujeros o marcos disponibles en la habitación para hacer pasar objetos de un lado a otro, cubre y descubre el teléfono mientras yo pregunto dónde está él.  Empieza a usar palabras nuevas y por primera vez, según los padres, se nombra a sí mismo ante su imagen en una foto.  Me saluda a veces con una sílaba de mi nombre.  Novedad que se acompaña en lo cotidiano por el intento de identificar y nombrar a familiares y pares.  Y por un esbozo de demanda dirigida a los padres que empieza a articularse con el relieve de palabras nuevas adquiridas.  

Vuelvo a Juarroz:

El oficio de la palabra

es la posibilidad de que el mundo diga al mundo,

la posibilidad de que el mundo diga al hombre.

La palabra: ese cuerpo hacia todo.

La palabra: esos ojos abiertos.

EPICRISIS. Por Patricia Martínez.

Desde Historias clínicas tratamos de dar cuenta de nuestra práctica, de aquello que nos interroga, de lo que pescamos en alguna oportunidad y nos sirve para aprehender.

El texto transmite y en ese sentido no necesita mayores aclaraciones. Quien recibe la demanda determina no solo la respuesta sino lo que ahí se lee. Un niño que no habla enciende las alarmas médicas y puede ser derivado a pruebas que midan su rendimiento, que lo ubiquen en algún perfil, por esta vía se intenta entonces circunscribir la causa y decir qué es, qué tiene, de qué padece ese niño.

Un analista va a la pesquisa de aquello que lo oriente. Y vamos a detenernos en este pesquisar.

En el latín, lengua desde donde proviene el origen de la palabra pesquisa encontramos que pesquisar deriva del verbo perquitere, que puede traducirse como “buscar con cuidado”, lo cual se deduce del prefijo “per” que equivale “a través” y el verbo “quarere” que puede traducirse por “buscar”, buscar con cuidado, buscar a través. Pesquisar es estar buscando, no concluir.

Esta opción de la incertidumbre y de lo conjetural al no cerrar la pesquisa con un diagnóstico, no es un problema sino justamente su mérito, evitar cualquier cierre conclusivo que haga consistir cualquier ser patognomónico que determine.

No es solo una diferencia metodológica, es la habilitación de dos mundos diferentes. Aquel en el que un sujeto pueda empezar a decir No, aparecer y desaparecer,  es por el que apostamos desde el psicoanálisis.

El otro punto que toca el relato hace a la contingencia de la pandemia, de aquello que ocurrió y nos ocurrió durante este tiempo, donde nos servimos de lo que estaba a la mano para continuar.

Si mucho se habló de la virtualidad, la presencialidad, del uso de los dispositivos tecnológicos, no es tanto lo que se ha transmitido de ese lugar de invención que la clínica es: un analista que no retrocede y pone a jugar aquello de lo que dispone y hace de lo posible su modo de intervención.

Quiero cerrar la historia de hoy con un pequeño informe que escribió para el trabajo semanal otra colega, Patricia Barlaro, que dice así: 

“A esta altura y luego de escuchar tantísimas entrevistas de admisión, uno puede ir recogiendo los restos de lo que la pandemia va dejando, como restos luego de una inundación, donde lo que estaba se ve transformado por distintos agentes que el agua arrastra, en su puro devenir natural o sea real. Una contingencia en este caso universal atañe a cada sujeto en lo particular, haciendo ver, haciendo notar, poniendo sobre relieve, las distintas formas de lo que no anda. Algunos por la vía más sintomática, otros muchos por la vía del acting, consumos de sustancias, para activar o para “bajar”. En fin, la psicopatología de la vida cotidiana versión pandemia” 

Todavía están bajando las aguas y nos queda aún mucho por recoger de lo que este tiempo va dejando.  Tal vez una de las cuestiones que podemos leer de esta experiencia es que lo que comanda es el uso que hacemos de la tecnología y no solo lo que la tecnología hace con nosotros.


Bibliografía, Descongelar el mundo:

Coccoz, V., “El estado congelado de la palabra en el autismo”, en: Logos 9, Grama, Buenos Aires, 2016.

Di Ciaccia, A., “La práctica entre varios”, 2003.

https://www.iztacala.unam.mx/errancia/v8/litorales_1.html

Lacan, J., “Conferencia en Ginebra sobre el síntoma”, en Intervenciones y textos 2, Manantial, Buenos Aires, 1989.

Williams, D., “Alguien en algún lugar.  Diario de una victoria contra el autismo”, N.E.Ed, Barcelona, 2012.

Trabajo presentado en el intercambio de textos denominado “Pensando en voz alta”,  de las pre jornadas nacionales de Medifé. 


Gabriela Cuomo, psicoanalista.

Patricia Martinez, psicoanalista.

Cuidado editorial: Gabriela Odena

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