La Otra casa. Acerca del libro de Patrick Avrane: Casas, cuando el inconsciente habita los lugares. Por Lucas Lorenzo

Cuidado editorial, Gerónimo Daffonchio.

Para los amigos, divina morada.

Así como la tierra es el medio en el que yacen enterradas las viejas ciudades, la memoria es el medio de lo vivido. Walter Benjamín.

Para percibir las dificultades en el habla de un sujeto es necesario comprender el lenguaje en el cual se expresa. La evidencia de la lengua permite captar sus fallidos, así como la certeza de lo que constituye una casa hace posible comprender las particularidades de cada una. Patrick Avrane.

Roland Barthes (2013) comienza una publicación realizada en las páginas literarias del diario francés “Le Figaro” con una pregunta que incluye al lector y que lo invita a ser parte de una aventura que, para él, es una experiencia de lectura:

¿Nunca os ha sucedido, leyendo un libro, que os habéis ido parando continuamente a lo largo de la lectura, y no por desinterés, sino al contrario, a causa de una gran afluencia de ideas, de excitaciones, de asociaciones? En una palabra, ¿no os ha pasado nunca eso de leer levantando la cabeza?” (p. 39).

El crítico literario y semiólogo francés introduce así una lectura que define como irrespetuosa, en tanto cada vez que se levanta la cabeza, otro texto se escribe. La lectura, afirma, es ese texto otro que se escribe en el devenir de las interrupciones que diseminan y dispersan el sentido del texto-material al asociársele otras ideas, otras imágenes, otras significaciones, y darle vida.

Es esta experiencia viva de lectura, la que atravesé al navegar por las páginas del libro recientemente publicado de Patrick Avrane, titulado Casas, cuando el inconsciente habita los lugares. El psicoanalista francés allí traza una ruta que conduce hacia los distintos apartamentos de Sigmund Freud, pasando por el refugio de Robinson Crusoe y bordeando las construcciones de Le Corbusier; emprende un tour por Manderley, la finca imaginada por Daphne du Maurier en su célebre obra Rebecca, y construye con su trazo una galería de arte en la que recorre pinturas de Johannes Vermeer, Edward Hopper y Magritte.

En el devenir del encadenamiento de las letras y de las palabras que tejen el texto de Avrane (2021), otro tejido comenzó a tramarse en paralelo: me raptó el recuerdo de la antigua casa de Juan, cuyas paredes llevan la inscripción de la amistad, de la complicidad, de un tiempo de juegos y aventuras. La otra casa de la infancia: allí donde al concluir la semana coordinamos encontrarnos para pasar horas y horas jugando al fútbol en el vasto jardín con dos arcos enfrentados, luego zambulléndonos en la pileta los días de calor, o quizás perdiendo la noción del tiempo en la vorágine de perseguir la victoria en alguna partida de algún videojuego. La otra casa de la adolescencia: aquella que se transformó en “la base de operaciones”. Un punto de encuentro de un grupo de amigos para comenzar a explorar la vida nocturna y coquetear con la exogamia. El quincho, nuestra casa dentro de la casa: maravilloso refugio, devenido promesa de satisfacción que sostenía la espera para, al fin, habitarlo los fines de semana entre pares y vivir las horas que habríamos querido eternas, a tal punto que hubiéramos anhelado el insomnio para estar despiertos un rato más y continuar soñando… despiertos.

La antigua casa de Juan, “la base de operaciones”, la otra casa: un sitio propicio a un clima afectuoso, que habilita la circulación de la palabra cordial, discreta, prudente y justa; “(…) un espacio no saturado entre quienes se pretenden amigos”, tal como señala Fernando Ulloa (2012). Es en estos entrecruzamientos entre palabras y afectos que la casa cobra cuerpo y el inconsciente la habita, porque las paredes al hablarlas dejan de ser simplemente materia que circunscribe espacios para transformarse en una caja de resonancia en la que habita el eco de deseos, creencias, temores, alegrías, ficciones del ayer y bocanadas de aire que relanzan ilusiones por-venir. Con sutileza, Patrick Avrane (2021) escribe: “(…) una cosa no puede tener un alma, salvo aquella que se le presta” (p. 92).

Precisamente, al leer la última cita, caí preso de una iluminación. La casa en cuestión es hoy también nombrada como “la casa de Villarino”, en tanto se refiere a la calle en la que está ubicada. Curiosamente, el nombre de la calle es también el apellido de un amigo de un tiempo que ya no es la infancia ni la adolescencia. Se trata de una persona que he descripto en reiteradas ocasiones como si fuera alguien de “mi grupo de amigos de siempre”, alguien que conozco de antes y con quien siempre sentí un aire familiar. ¿Cómo nunca antes lo escuché? Su apellido transporta la familiaridad de la Otra casa que lleva inscripta las letras de la amistad, que es también el amor y lo afable. Villarino es una casa –no cualquiera—, la amistad, el pasado, la infancia, la adolescencia y aún un punto de encuentro, a cuya cita no distingo si asisto o me asiste.

Las palabras, entonces, llegan de otro tiempo, transportan (a) otro lugar, hablan de otra escena. Una casa hablada, construida una y otra vez por seres parlantes, es también la amistad: una morada que permanece continuamente, a pesar de la discontinuidad de toda vida, ignorando la degradación, la ruptura… la muerte (Pontalis, 2007). Y es así como percibo que una palabra es como a Robinson Crusoe un trago de ron de una botella salvada de un naufragio: un signo “(…) de que no todo fue destruido a pesar de los sismos, los saqueos, las catástrofes reales o soñadas (…) ese objeto es el salvavidas sobre el cual puede agarrarse el deseo, el que permite no dejarse ahogar por el desamparo” (Avrane, 2021, p. 70).

Referencias bibliográficas:

Avrane, P. (2021). Casas. Cuando el inconsciente habita los lugares. Ediciones La Cebra: Adrogué.

Barthes, R. (2013). “Escribir la lectura”. En El susurro del lenguaje. Paidós: Ciudad Autónoma de Buenos Aires, pp. 39-43.

Benjamin, W. (2011). Denkbilder. Epifanías en viajes. El Cuento de Plata: Buenos Aires.

Pontalis, J.-B. (2007). El que duerme despierto. Adriana Hidalgo Editora: Buenos Aires.

Ulloa, F. (2012). Novela clínica psicoanalítica: historial de una práctica. Libros El Zorzal: Buenos Aires.

https://edicioneslacebra.com.ar/

Lucas Matías Lorenzo [Buenos Aires, 1997]. Estudiante de la Licenciatura en Psicología, en la Universidad de Buenos Aires, casa de estudios en la que se desempeña, además, como co-ayudante alumno en la asignatura Psicoanálisis: Escuela Francesa, Cátedra II. Entre el psicoanálisis y las letras, se juega su pasión, arde el fuego de un amor. Escribió para el sitio web de Psicoanálisis, Salud y Cultura, El Sigma, y para la revista cultural Devenir111.

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