Lacan en la Sesión de Clausura de las Jornadas de los Cárteles en la Escuela Freudiana de Paris.

Lacan vuelve a repetirse, esta vez el día del 74 aniversario de su nacimiento, y al hacerlo hablará de lo imprescindible, de aquello esencial al discurso del psicoanálisis. Comenzará por las matemáticas, de la sustitución del “no saben de qué hablan” al “ellos saben por el contrario muy bien de quién hablan”,  ese quién que reposa, dirá, sobre un nombre, una referencia.

La entrada a la EFP, aclara, “no será a titulo individual” sino que sería deseable que se produjese “como miembro, en nombre -y a título- de un cártel”, aunque antes dirá que nadie se presenta como candidato sino “a título personal, hay que decirlo; así se presentan las cosas”. El tres, como lo deseable. La trinidad y la comunidad religiosa, de allí el triskel al cual adjunta la escritura de “trinitas”. 

El deseo ligado a la noción de agujero donde las cosas convergen y producen, dirá, torbellino. El nudo. Lo imaginario, el cuerpo como lo que hace agujero; lo simbólico, la incidencia del lenguaje y lo que alrededor del cuerpo ha sido pensado como ligado a los diversos agujeros: los orificios del cuerpo. Y lo real como diferente al universo, al Uno que hace mundo.

Seguirá por “la noción misma de energía, la idea de que la energía es constante y es el principio y la base sobre la que en física puede decirse que reposa la noción misma de ley,  y la idea de que haya un todo, es algo sin lo cual no se puede casi pensar como la ciencia se sostendría.”

Para nosotros, analistas, se trataría de “no reducir la constante a la consistencia”, no hacer de lo real un Universo, cerrado, “apercibirnos de esto que es sorprendente en toda nuestra experiencia histórica y que para nosotros es esencial: que hay nombres. (…) que desde tiempos inmemoriales se ha dado nombre a las cosas (…).

Si algo ha sido llamado por mi la Cosa y especialmente la Cosa Freudiana, fue evidentemente para indicar que está Freud dentro de la Cosa, en la Cosa que él nombró, lo que él nombró es el inconsciente y el término “freudiano” no tiene allí  de ningún modo la función de un predicado, (…).”

“(…) hablar del inconsciente como de eso que antes de Freud no existía, no es una mala forma de expresar una buena razón, es que después de todo una cosa no existe, no comienza a actuar, si no es a partir del momento en que es nombrada por alguien.”

trato en nuestra experiencia de reducir ese nombrable (…) trato de reducirme a no nombrar eso que junto con Freud, yo llamo el Urverdrängt, lo que se resume al final en nombrar el agujero. Partir de la idea del agujero,  es decir no del fait lux (hágase la luz) sino del fait trou (hágase el agujero) y piensen que Freud, adelantando la idea del inconsciente, no ha hecho sino eso.

Y sigue, Lacan: de la vida como parásita, del agujero y de la muerte, del principio de realidad como siendo “un principio de puro fantasma colectivo”; de la mujer y de la creación. Y del psicoanálisis como un síntoma, dirá, “tranquilizador”.

Compartimos entonces hoy, esta intervención de un Lacan de festejo e inspirado. Y festejamos nosotros también, por hacer Pasar la lectura y porque un 13 de abril, pero de 1901, alguien lo nombraba por primera vez.

Editorial: Gerónimo Daffonchio

Domingo 13 de abril de 1975

JACQUES LACAN: He dicho –lamento que mi querida Solange no haya estado, pero es imposible estar en todas partes al mismo tiempo, sin embargo… ¡es su costumbre!–, he dicho ciertas cosas, por ella voy a repetirlas, he dicho ciertas cosas cuya esencia se refería a las matemáticas, y para decirlas yo partía, la ley de la palabra exige que antes se haga referencia a lo ya dicho, de Bertrand Russell que no es el último de los matemáticos, lejos de ello, ya que fue él quien en los Principia que todos conocen, supongo, del cual todos tienen al menos el título in mente, fue quien llegó a enunciar que los matemáticos no sabían de qué hablaban. Yo propuse a quienes se supone poseen alguna formación matemática, una modificación a esta fórmula y obtuve la aprobación de uno que otro que yo conozco, una joven se presentó después ante mí como matemática (yo no sé si para el matemático del cual hablo, esto que yo había dicho tenía algún sentido), para ella pareció haber aportado alguna satisfacción el que yo hubiera sustituido a “ellos no saben de qué hablan” un “ellos saben por el contrario muy bien de quién hablan”.

Evidentemente, por el momento me limitaré a esto puesto que el “de quién” en cuestión puede reposar sobre un nombre, una referencia, llamarla “las matemáticas”, es dar a las matemáticas el valor de una persona como me lo han hecho observar. El problema se puede plantear. Por supuesto que hay objeciones que hacer. No obstante esto, podría sostenerse que una persona considerada esencialmente como siendo substancia de un pensamiento, es decir, como siendo substancia llamada “pensante”, no excluye que las cosas puedan ser llevadas bastante más lejos hasta el punto de identificar las matemáticas con una persona.

Pero si yo estaba presente en el lugar en donde se discutía sobre la fundación del cártel, es porque tenía particular interés. Yo tenía particular interés en que eso que ya adelantara en mi Proposición para el funcionamiento de la Escuela en la continuación de estas Jornadas, recibiera (así debo expresarme), un latigazo. Me gustaría que dentro de la Escuela se instaurara de una forma más estable la práctica de estos cárteles que yo he imaginado.

A partir de ahora no puedo decir cuál es el punto central que justifique la indicación del término “cártel”, pues no veo por qué yo haría una ruptura; hasta el momento nadie se ha presentado como candidato para ser miembro de la Escuela, salvo a título individual, hay que decirlo; así  se presentan las cosas, a nivel de un organismo llamado Directorio se estima si vamos   o no a admitir como miembro de la Escuela a alguien. Ha quedado bien claro, bien asentado el principio de lo que reglamenta la admisión en la Escuela, que no es en absoluto obligatorio el ser analista y que, por el contrario, la Escuela tiene mucho que aprender de los que, formados en otras disciplinas diferentes del análisis, pueden contribuir por medio de eso que se denominan sus conocimientos, volcando en nuestro legajo lo que a nosotros los analistas nos falta, es una cosa ya comprobada, aportarnos algún material con el cual podamos, en fin, ayudarnos en nuestra práctica. También sobre esto mismo reposa la idea de que es necesario dar por anticipado un término y resulta que este año he escogido el término “consistencia” para designar –justamente– lo que resiste, lo que tiene alguna probabilidad de tomar el partido de un real.

Entonces lo que hay que explicar de lo dicho en mi anticipo, en mi enunciado, en mi Proposición, es que se entra a la Escuela no a título individual sino como miembro de un cártel; esto es lo que sería deseable, evidentemente, ver realizarse en el futuro; lo cual, repito, no puede ser definido como la condición de ahora en más, lo que sería deseable meterse en la cabeza es que a la Escuela se debe entrar en grupo y en nombre –y a título– de un cártel.

Hay un segundo aspecto en la noción de cártel: es por qué y cómo lo propongo (pues todavía se está en eso). Lo propongo formado por un número pequeño, por un número mínimo. ¿Por qué he  fijado este número mínimo en cuatro? –pues he dicho tres más una persona y no me he atrevido a ir más allá de cinco, pues, adicionado de una persona, nos da seis–, es por eso que considero deseable que el cártel esté constituido entre cuatro y seis, lo que queda por justificarse, cosa que espero poder articular suficientemente tal vez quizás, en mi próximo seminario, dado que pienso que ahora no puede haber más de dos antes de fin de año, ya que el anfiteatro que yo ocupo y en el que Ustedes son numerosos –demasiado numerosos para mi gusto– será usado para los exámenes a partir de mayo aproximadamente, fecha que queda a determinarse.

Es pues entonces en esos dos últimos seminarios donde yo espero justificar, quiero decir justificar para Ustedes, para que lo entiendan, por qué ese número mínimo exigible, quiero decir que permanece único como el primero de todos, por qué –en suma– hay necesidad de que no rebase el límite de ese número.

Para esto hay razones que espero poder hacerles sentir, que están ligadas a la estructura misma, que igualmente ese número no descienda por debajo de un cierto nivel y que particularmente se considere como demasiado poco el dos y aún el tres. Todo esto tendré que justificarlo pues evidentemente el tres… –he insistido mucho en él para que pueda parecer que es lo deseable–. Porque el cuatro en principio es, se los repito, lo que nos queda por situar mejor.

Hay sin embargo cosas que debieran incitarnos a una menor prudencia, digamos, es una menor prudencia que sería también un menor rigor. Es de todas manera una experiencia, es patente que existen comunidades a las que se llama, y no porque sí, religiosas, que en lo que a ellas hace, jamás han visto, incluso, jamás han visto sin reticencias esta limitación del número. Parece que no hubiera límite para lo que la comunidad religiosa pueda representar. Ciertamente no es porque falten razones. Y son razones, se los repito, que espero hacérselas sentir. El anonimato que preside a la comunidad religiosa es algo que debe ya hacerles presentir que en ese pequeño número hay algún lazo con el hecho de que cada uno lleva en ese pequeño grupo, su nombre.

Es cierto que no tenemos el mismo objeto que el que domina el hecho de la comunidad religiosa, que lo que nos interesa en nuestra práctica no es lo que interesa a una comunidad religiosa. Al decir “religiosa” es una manera de hablar. Quiero decir que no meto todas las religiones en la misma bolsa; ya he especificado cuál es la que domina en esto que podría llamarse nuestra región, a saber, la cristiana que no ha salido de la nada, que ha salido de la judía y que la lleva en sí todavía de una forma bastante singular (las relaciones entre la comunidad judía y la comunidad cristiana están marcadas por algo con respecto a lo cual, el término, digamos supervivencia, para designar la manera en que la judía continúa en ser llevada por la cristiana, no les parecerá exagerado –es una manera de connotarla, podría haber también otras formas de indicarlo, formas sobre las cuales ya haré referencia a continuación–). La comunidad religiosa tiene por fundamento eso que de todas formas puede no designarse de una manera demasiado inadecuada como mito, el mito que designa a ese Dios que está lejos de ser simple, que es incluso complejo y tan complejo que ha sido necesario que la comunidad cristiana se haya visto forzada a articularla trinitaria; en mi seminario ya di mi opinión en su oportunidad: la comunidad cristiana ha sido la única en darse cuenta que no puede haber Dios que pueda sostenerse si no es triple.

Lo curiosos es que evidentemente se ha hablado mucho, se ha escrito mucho sobre esa trinidad, pero jamás se ha dado una justificación –por cierto, y yo me creo con el privilegio, con razón o no, de haber dado una forma a eso que podría llamarse un real–.

Alguien me he dicho haber visto en la Biblioteca Nacional, en una exposición de miniaturas –se lo señalo porque lo he recibido con mucho interés– algo que actualmente se hallaría (la persona ha tomado nota) en la Biblioteca Municipal de Chartres; alguien pues habría visto (aguardo para ver por qué después de todo hay que controlar) un nudo Borromeo con el enunciado a su lado de “trinitas”. Habría visto los tres pequeños trazos, Ustedes los conocen bien, con los cuales eventualmente yo simbolizo ese nudo Borromeo, esos tres pequeños trazos que se cruzan de una determinada manera, de la misma manera en que se forman los pabellones de fusiles, se colocan tres fusiles de tal forma que se sostengan, ellos se calzan entre sí formando un cono, y esto es lo mismo –no se lo dije en el seminario porque no me parecía el caso decirlo, pero cualquiera sabe que en cualquier cosa que sirva de símbolo a ciertos gaélicos[1] y aún a una Bretaña pronta a despertarse, el triskel[2] es algo que realiza esos tres circulitos tales como habitualmente se los dibujo en la pizarra como punto de partida, y a ese triskel así reducido que es lo mismo que un nudo Borromeo que su forma completa, a ese triskel estaría adjunta la indicación escrita de “trinitas”.

¿Dónde está nuestra relación con todo esto? Nuestra relación se limita a que si yo definiera algo que diga lo que va a ser el análisis, yo lo llamaría, no la religión de cualquier Ser supremo como tantos de entre nosotros jamás ha podido desprenderse de eso; ya he dicho que yo tampoco estoy seguro de no haber sido sorprendido en flagrante delito de deísmo y Ustedes van a verlo quizás enseguida: si hablo de religión del deseo, no tiene del todo el aspecto de ser eso, sobre todo si el deseo me parece más bien ligado no solamente a una noción de hoyo, de agujero hacia donde un montón de cosas convergen y producen torbellino de tal manera que son absorbidos, pero el hacer alusión a esta idea de torbellino es evidentemente ese agujero, hacerlo múltiple, quiero decir con esto, hacerlo conjunción por lo menos. Para que Ustedes dibujen un torbellino, deben recordar mi nudo en cuestión, les es necesario al menos tres para que se convierta en agujero con torbellino. Si no hay agujero, no veo muy bien lo que tenemos que hacer como analistas, y si ese agujero no es al menos triple, tampoco veo cómo podríamos soportar nuestra técnica que se refiere esencialmente a algo que es triple y que sugiere un triple agujero.

En todo caso es seguro que en lo que se refiere a lo simbólico, hay algo sensible que se hace agujero. Esto no solo es probable sino manifiesto: que todo lo que se refiere a lo imaginario, es decir a lo corporal, es lo que ha surgido primero, allí eso no solamente hace agujero, sino que el análisis piensa en todo lo que se relaciona con el cuerpo en estos términos, y toda la cuestión está en saber en qué la incidencia del lenguaje, la incidencia de lo simbólico, es necesaria para pensar en lo que alrededor del cuerpo ha sido pensado en el análisis, como ligado, digamos, a diversos agujeros. Aquí no hay necesidad de subrayar cómo lo oral, lo anal, sin contar los otros que he creído deber adjuntar para informar qué es la pulsión, aquí no hay necesidad de subrayar que la función de los orificios en el cuerpo está allí para designarnos que el término “agujero” no es un simple equívoco al transportarlo de lo simbólico a lo imaginario.

Sobre el tema de lo real está claro que yo trato de hacerlo funcionar a partir de esta simple observación: que definirlo como universo es imponerlo como cíclico, como circular, que verter allí el Uno, pues ésta es la noción del universo, es hacerlo englobante con respecto a ese cuerpo que lo habita, es hacerlo mundo. No estoy seguro de que lo real produzca mundo, es casualmente por eso que trato de articular algo que diga, que se atreva por primera vez a adelantar que no está seguro de que lo real haga un todo. Es efectivamente muy difícil el ver qué físico podría emplearse a no ser que ese admita que, al menos algunas porciones de este universo sean aislables, sean estancas. Sobre esto reposa, Ustedes, lo saben, creo, la noción misma de energía, la idea de que la energía es constante, es el principio mismo y la base sobre la que en física puede decirse que reposa la noción misma de ley; y la idea de que haya un todo es algo sin lo cual no se puede casi pensar cómo la ciencia se sostendría.

Pero después de todo es bastante curioso que nosotros no tengamos ninguna clase de idea asible de los confines del universo y lo que en suma afirmo, me atrevo a afirmar, es algo que en principio sería esto y es que a nosotros, analistas, nada nos obliga a hacer de lo real algo que sea universo, que sea cerrado. La idea de que este universo es simplemente la consistencia, la consistencia de un hilo firme, no es suficiente para hacerlo cíclico, pero como hipótesis, es ya mucho decir y esto puede ser suficiente para nosotros, quiero decir, que con dos ciclos y una recta al infinito, lo cual es mucho avanzar en lo real, nosotros hacemos un nudo borromeo que se sostiene sin duda, que verdaderamente hace nudo.

De suerte que nosotros podemos soportar la idea de que lo real no lo es todo, es más bien un reaseguro que tal vez no esté del todo desprovisto de interés para los físicos, y estos terminarán bien por hacerse a la idea de que se puede quizás pensar lo real sin necesidad de una constante llamada “energía” y es aquí donde se inicia ya la idea de que la constante no es la consistencia. Reducir la constante a la consistencia, tendría quizás algún sentido para los físicos.

Pero en fin, yo no he venido para comprometerlos con una física del futuro; nosotros, nuestro quehacer es apercibirnos de esto que es sorprendente en toda nuestra experiencia histórica y que para nosotros es esencial: que hay nombres. Y el que haya nombres, pareciera ser un hecho completamente nodal, quiero decir que desde tiempos inmemoriales, se ha dado nombre a las cosas, esto viene arrastrándose desde Freud mismo, está pensado para meditarlo. No es porque sí, yo me acuerdo que cuando escribí La Cosa Freudiana, hubo alrededor mío montones de personas que fruncían la jeta: “¿Por qué la llama así como así, la Cosa, es repugnante, todo cuanto tratamos de hacer, es justamente eso, oponernos a la cosificación” [3]; yo jamás fui de esa opinión; jamás pensé que cuando una ruptura se produce, la del ‘53, sea porque se discrepa sobre el hecho de cosificar o no, eso de lo cual se trataba en la práctica; se trataba de cosificar en el buen sentido. Si algo ha sido llamado por mí la Cosa y especialmente La Cosa Freudiana, fue evidentemente para indicar que está Freud dentro de la Cosa, en la Cosa que él nombró; lo que él nombró es el inconsciente y el término “freudiano” no tiene allí de ningún modo la función de un predicado, no es una cosa que de golpe tiene la propiedad de ser freudiana, es ciertamente porque Freud lo ha enunciado, que es una cosa y que, como se lo sugería recientemente a alguien, hablar del inconsciente como de eso que antes Freud no existía, no es una mala forma de expresar una buena razón, es que después de todo, una cosa no existe, no comienza a actuar, sin no es a partir del momento en que es nombrada netamente por alguien.

Entonces yo trato en nuestra experiencia de llegar a reducir ese nombrable pues con eso se permiten así porque sí, pintarrajear toda clase de cosas con nombres, esto siempre se ha hecho y se ha hecho incluso, a tontas y a locas. Entonces trato de reducirme a no nombrar eso que junto con Freud, yo llamo el Urverdrängt, lo que se resume al final en nombrar el agujero. Partir de la idea del agujero, es decir no del fiat lux (hágase la luz), sino del fiat trou (hágase el agujero), y piensen que Freud, adelantando la idea del inconsciente, no ha hecho sino eso. De inmediato dijo que hay algo que hace agujero, que a su alrededor se distribuye el inconsciente y que este inconsciente tiene como propiedad la de no ser sino aspirado por ese agujero, tan bien aspirado, que no se está acostumbrado, es el caso de decirlo, a retener siquiera una puntita, “se raja” metiéndose en ese agujero.

Hablar de la Cosa Freudiana como estando constituida esencialmente por ese agujero, ese agujero que tiene un lugar, un lugar dentro de lo simbólico, es decir con esto algo que al menos, lo probaré si es el caso, puede sostenerse por un cierto tiempo, y como ese tiempo comienza a ser un deudor y que durante ese tiempo no ha habido tantas contradicciones que surtan efecto a eso que yo enunciaba, quiero decir, eso ya comienza al menos a sostenerse por haber durado ese tiempo.

Identifico este agujero con la topología, ya hice esta alusión en mi último seminario. La topología, creo ya haberlo indicado, hace sentir al menos a algunos, eso no se concibe sin ese nudo, que –como lo decía hace un momento en otro grupo– no es cualquier cosa aunque esté allí con su ropaje de nudo, que es en lo real, pero lo interesante es que en lo mental es la primera vez que se ve algo que conjuga lo mental con lo real hasta ese punto, es que en lo mental eso también se anuda así. Es verdaderamente imposible no colocar el nudo en lo mental y al mismo tiempo advertir que lo mental está allí muy inadaptado, a saber que ese nudo, él lo piensa tan difícil que nosotros no podemos no ver allí algo que nos daría de alguna manera eso que en mi último seminario yo llamé algo así como un presentimiento, si se puede decir, de eso que podría ser muy bien al fin de cuentas, el agujero en cuestión.

Todo esto en verdad es una precipitación, por qué no decirlo, después de un vagabundeo, cada uno sabe que yo alardeo de dialéctico y que he hecho uso del término antes de llegar al torbellino; es el caso de advertir que cualquiera que hable de dialéctica evoca siempre una sustancia. La dialéctica es esencialmente predicativa, hace antinomia y ningún predicado que por sí mismo no se sostenga de una sustancia; es muy difícil hablar a-sustantivamente, sobre todo cuanto más, solo un agujerito, un agujero ciertamente complejo y remolinante, pero que es muy difícil el imaginarlos como sustancia, salvo que sea como sustancia que tiene la propiedad de ser pensante, y entonces eso se vuelve verdaderamente desesperante, pensar hasta que punto vuestro pensamiento es manifiestamente impotente. Parece más bien ser más firme al referirse a otras categorías y advertir que, por ejemplo, puedan enunciarse sin caer en el absurdo proposiciones tales como ésta, afirmarlas con cierta probabilidad de acertar, que si hay lo indecible (hace un momento lo evocaba), es un indecible que no se sostiene más que por esto; que nosotros lo anudamos, que hay lo indecible pero que la idea solo nos viene de esta certeza tomada de las matemáticas precisamente de que no hay un no-nudo, si puedo decirlo, porque en suma, es la única definición posible de lo real y que ajustar los nudos aunque sólo fuese para no resbalar indefinidamente, es a eso a lo que nosotros nos dedicamos en el análisis.

Porque, ¿qué es el análisis al fin de cuentas? Es sin embargo esa cosa que se distingue de esto, que nosotros nos hemos permitido una especie de irrupción de lo privado en lo público. Lo privado evoca la alcoba, los pequeños “fatos” de cada uno, esto tiene un núcleo perfectamente característico, es el de ser los “fatos” sexuales. Es el núcleo de lo privado. Es gracioso a pesar de todo que eso público desde dentro del cual nosotros hacemos emerger eso privado, que “público” tenga un lazo tan manifiesto para los etimologistas, con “pubis”, es decir, que lo que es público es lo que emerge de eso que es vergonzoso pues si no, ¿cómo distinguir lo privado de eso de lo cual se tiene vergüenza?

Está claro que la indecencia de todo eso– la indecencia de lo que pase en un análisis, esta indecencia, si puedo decir, gracias a la castración cuyo análisis está bien hecho para evocar la dimensión después de Freud– gracias a la castración, esta indecencia desaparece.

Todo el asunto se resume pues en esto: sacar de la castración un goce. ¿Eso es el plus-de-goce? En todo caso es todo lo que por el momento está permitido a cualquier persona. Designa sin duda a una sustancia pensante, pero en lo que nosotros nos esforzamos, aún cuando nuestras preocupaciones no sean sustanciales, ni sustantóforas, eso en lo cual nos esforzamos es, a pesar de todo, hacer volver esto, esta noción de sustancia pensante en un real. Ahora bien, no es tan fácil por supuesto porque hay montones de cosas con las que estamos cargados. Estamos recargados por ejemplo, con la idea de la vida. Es una idea así, es muy curioso que a pesar de todo Freud haya promovido el Eros pero no ha osado de ningún modo a identificarlo con la idea de la vida del cuerpo, de la vida en tanto ella es llevada por el cuerpo en el germen. La vida, si puede decirse, a pesar del empleo que de ella hace Freud, hay algo en ella, algo con lo que no tiene nada que ver y es lo que viene a ser su antinomia, esto es la muerte.

La muerte, se piense lo que se piense, es puramente imaginaria. Si no hubiera “cuerpo”, si no hubiera cadáver ¿qué cosa nos haría de lazo entre la vida y la muerte? Naturalmente está la idea del puerro, del atado de cadáveres, nosotros nos entendemos al anudar esto, es incluso nuestra ocupación principal. Si no hubiera eso, si no hubiera estatuas, la inclinación fanática de esos seres llamados humanos de fabricar sus propias estatuas, a saber, cosas que no tienen nada que ver con el cuerpo, pero que de todas maneras se les parecen, es como para bendecir a las religiones que han prohibido estas obscenidades… ¡además es espantoso verlas! ¿Qué hay más espantoso de ver que un ser humano? ¡Lo pregunto! Un ser humano, una forma humana. Es curioso que… en fin, sea necesaria realmente la religión llamada católica para encontrar estas delicias. Es que evidentemente ella tiene alguna ganancia en el truco, está patente, se ve muy bien el mecanismo: juega con lo bello. Por otra parte, ¿en qué consiste toda esta historia aburrida del evangelio, es el caso de decirlo, sino en la exaltación de lo bello? Les mostraré todo esto en otra ocasión.

En fin, perinde ac cadáver quiere decir que de todos modos la castración, la castración respecto de la cual nosotros mismos llegamos a advertir que es un goce, ¿por qué es un goce? Se ve muy bien, es porque ella nos libera de la angustia. Pero entonces, ¿qué es la angustia?

Es de todas maneras curioso que no se haya extraído algo de la moral del pequeño Hans de Freud. La angustia está muy precisamente localizada en un punto de la evolución de este bicho humano, es el momento en que un hombrecillo o una futura mujercita se da cuenta, ¿de qué? Se da cuenta de que está casado con su pito. Ustedes me perdonarán llamar a esto así, es lo que generalmente se llama pene o pistola y que se hincha advirtiendo que no hay cosa mejor para hacer falo, lo cual es evidentemente una complicación ligada al hecho del nudo, a la existencia, es el caso de decirlo, del nudo. Del mismo modo, si hay algo que está hecho en los Cinco Psicoanálisis para mostrarnos la relación de la angustia con el descubrimiento de la cosita de hacer pipí –llamémoslo así también, total está claro– es seguro que es concebible que para la niñita como se dice, eso se ostenta, es por eso que ella es más dichosa, eso se muestra porque es necesario que le lleve cierto tiempo advertir que la cosita de hacer pipí, ella no lo tiene; eso le da también angustia, pero es más bien una angustia por referencia, por referencia a aquél que por ello se aflige; digo “afligido” porque he hablado de casamiento –hablo así de esto–; todo lo que permite escapar a ese casamiento es evidentemente bien recibido, de donde resulta el éxito de la droga, por ejemplo; no hay ninguna otra definición de la droga que ésta: es lo que permite romper el casamiento con la cosita de hacer pipí.

Pero bueno, dejemos esto de lado y vayamos a las cosas serias, a saber que no estaría mal examinar eso que se llama la vida considerándola como parásita. Decir que es parásita de la muerte sería exagerado, sería establecer un lazo demasiado estrecho para lo que acabo de decir, a saber que no hay la menor relación si no es este asunto de cuerpo que se arroja al agujero. Es esto justamente lo que nos dice tal vez lo que es la vida, es que es el parásito de algo que, verdaderamente solo puede concebirse como agujero, es también a su alrededor que lo real hace ciclo, es que se quiere que eso esté en esa “casilla” que la vida parásita. Desde donde por supuesto, todo deriva. No puedo decir que Freud haya llegado hasta allí; pero de todas formas sobre esto ha dicho muchas cosas; que el germen sea al fin de cuentas un parásito me parece que eso viene del Más allá del principio del placer. Evidentemente que no lo dijo con claridad, pero eso hubiera provocado menos escándalo dicho entonces, que el que yo hago ahora al decirlo. Pero eso hubiera facilitado las cosas; eso le hubiese permitido llamar de otra manera al principio de realidad, que es simplemente un principio de fantasma colectivo –se lo decía ayer a la tarde al jurado de recepción–. Me preguntaron: “¿Cuáles son sus criterios para nombrar a algún A.M.E.? Se los voy a decir, es lo que se llama el sentido común, es decir la cosa más extendida en todo el mundo. El sentido común es esto: “A ése se le puede tener confianza”, nada más. No hay en absoluto otro criterio. Hay personas que son propuestas al título de A.M.E. y si las personas están allí y han sido elegidas por votación, porque se les tiene más confianza a propósito de su sentido común, de no garantizar cualquier cosa, es un principio de puro fantasma, de fantasma colectivo sin duda; es eso lo que quiere decir. ¿Es eso el principio de realidad? Es absolutamente cierto. Con la costumbre se advierte que todos esos fantasmitas privados se juntan, se conjugan en atados, como lo decía hace un momento, lo cual bien entendido no es sorprendente por lo que se refiere a las relaciones de la cosa con la muerte, pues con este propósito la he evocado, el sentido común es eso: en líneas generales, los pasos demasiado peligrosos; eso es lo que se llama el principio de realidad y que en la medida en que se opone al principio del placer, se opone seriamente a él, porque el principio del placer no tiene estrictamente más que una sola definición posible, es la de menor goce; esto es lo que quiere decir. Menos se goza, más eso vale.

De suerte que esto nos lleva a establecer un cierto número de parejas que refieren a lo real es, evidentemente para nosotros, según lo usamos lo que es antinómico al sentido, lo que se opone al sentido como el Cero se opone al Uno. Lo real es estrictamente lo que no tiene sentido. En eso está el que nuestra interpretación es algo que solo tiene que ver con lo real en tanto y cuanto nosotros la dosifiquemos. Nosotros la dosificamos y la limitamos ala reducción del síntoma. Hay síntomas que no pueden reducirse, es totalmente cierto, entre otros, particularmente, el psicoanálisis. El psicoanálisis es un síntoma, un síntoma social y así es cómo debe connotarse lo que hace que haya aparecido tan tarde. Ha aparecido tan tarde en la medida en que es necesario que alguna cosa se conserve (sin duda porque está en peligro) en una cierta relación con la sustancia, con la sustancia del ser humano.

Entonces tratemos de plantear juntos algo que sitúe lo imaginario en relación a otra cosa.

Lo imaginario no tiene ninguna otra clase de soporte que esto: tiene el cuerpo, y lo imaginario tiene consistencia en tanto ese cuerpo se despoje del goce fálico. En tanto que el goce fálico pasaba por otra parte, precisamente, hay que hacerlo notar y es un asunto de historia, cómo era escamoteado, es en esa medida que la idea del mundo ha nacido. Aquí esta oposición, no entre un cero y un uno, sino entre un menos y un más. Lo imaginario consiste en la medida en que la castración se opera, en que hay menos falo, todo el mundo lo sabe pues es por eso precisamente que los estados que constituyen el soporte más corriente de todos los comportamientos llamados humanos, se los designa con pregenitales.

¿Y lo simbólico, entonces? Lo simbólico es simple. No hay oposición al simbolismo, hay el agujero, el agujero original. Lo simbólico no tiene más que un contrincante falsificado. En la medida en que no hay Otro del Otro, es decir que el ser y su negación son exactamente la misma cosa, como todo el mundo lo sabe, los dialécticos lo dicen de inmediato: que el no-ser existe porque ustedes hablan con él, esto prueba bien hasta qué punto el no-ser es exactamente el equivalente. Gracias a todo esto se debe justamente el descubrimiento del análisis, esto es: aunque el ser y el no-ser, sean la misma cosa, es necesario que haya un agujero que permita sostener el todo en conjunto y que, a fin de cuentas, todo se resume en esto: que solo hay creación. Cada vez que pronunciamos una palabra, hacemos surgir de la nada ex nihilo una cosa, es nuestro sino de seres humanos, es por eso que no cogemos salvo excepcionalmente de tiempo en tiempo, con una mujer, sino que cogemos con la Cosa. Y entonces, ¿las mujeres crean? Algo de esto he escuchado hace poco a alguien que me ha gustado (con esto no quiero decir que lo Michele Montrelay dijera, no me gustara también), pero alguien que se llama Anne Colot me ha hecho pensar que con todo, la mujer no está del todo cocinada y lo que ella dijo fue muy pertinente. No empleó, gracias a Dios, la palabra creatividad. Habló de la creación como de algo que hace que, apenas en el fondo, una mujer sabe quién es su bebé; el bebé es como la vida, es patente en el ser humano, que es un parásito; un parásito es algo que solo comienza a existir cuando se le da un nombre justamente. Mientras no tenga un nombre ¿qué es? Entonces la creatividad… Alguien me ha reporteado sobre la creatividad de la mujer. Debo decir que yo no soy muy partidario; no es tan necesario que una mujer sea creativa para ser interesante. Es suficiente contar con ella, en esto reside su peso.

Hagamos ahora nuestro resumen. Un síntoma, ¿qué es? Es algo que tiene igualmente la mayor relación (es lo que se ve con la práctica) con el inconsciente. Entonces, lo que yo querría es que el psicoanálisis, como dije hace un momento, aguante, aguante el tiempo que sea necesario, ni un minuto más por cierto, en tanto que síntoma, porque después de todo, es un síntoma tranquilizador.

 (Aplausos.)

Se levanta la sesión a las 18. 45 hs.


[1] “Gaélico”, pueblo que forma la rama más occidental de los celtas en Escocia, Irlanda y Gales. Quedan razas célticas puras en N.O. de España. Pueblos celtas de Inglaterra, huyeron ante la invasión sajona a la Galia, conservando el nombre de bretones. El gaélico es una de las ramas de la familia de las lenguas célticas; éstas se dividen en dos ramas principales, la gaélica y la bretónica.

[2] “Triskel”, vocablo del que existen la forma española trisquelión y las francesas triquètre y triskèle.

“Trisquelión”, emblema simbólico que se compone de tres ramas, brazos o piernas que irradian de un centro. Se encuentra en algunas monedas de Licia. Compone también el escudo de armas de la isla de Man (Isla del Mar de Irlanda cuya población no es anglosajona sino afín de los gaels de Escocia)

“Triquètre”, adj. (del latín, triquetus) que tiene tres lados o tres caras/ Nomb. fem. (Numismática), conjunto de tres piernas replegadas en triángulos que se encuentra inscripto sobre ciertas medallas antiguas, generalmente a guisa de contraseña. Se dice también triskèle.

El autor, al hablar de los pabellones de fusiles, dice que esto es lo mismo que el triskel. El traductor aclara que efectivamente, en muchos de los diccionarios de lengua francesa figura la expresión: Formez les faisceaux!, o bien Rompez les faisceaux! aludiéndose a la forma de colocarse los fusiles (Art. Mil.) dispuestos culata contra el suelo y sostenidos entre sí por la cruz de sus bayonetas. Además, el Escasa-Calpe, dice en su artículo “pabellón”: “Formar pabellones”, francés, disponer la infantería sus fusiles en grupos, enlazados por las bayonetas y apoyando las culatas en el suelo. El autor alude también a simbolismos gaélicos “y aún a una Bretaña pronta a despertarse”, de donde podrá suponerse o no, dada la distribución geográfica de los pueblos que quedaron de los antiguos celtas, que triskel podría ser uno de los pocos vocablos gaélicos que han podido descubrirse sobre piezas numismáticas.

[3] Cosificación, debe entenderse en el sentido de crear cosas; en el texto original francés dice réification (del latín, res, cosa).

Traducción del documento: Teresa de Cunibertti

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