Paspartú. Esquizia #4. Joaquín Sorolla, el pintor de la luz. Por Silvana Tagliaferro.

Editorial, Gerónimo Daffonchio.

 

“Mi cuadro es la playa de Valencia y el bendito sol que amo más cada día”

 

El artista clava su caballete temprano en la arena y pasa las horas tratando de plasmar con dificultad esos cuerpos que entran y salen del agua. Los niños se mueven, ríen, gritan, corren y el pintor está ahí ante esos cuerpos fugaces, sigue ahí impertérrito en su labor. Encuentra el reto del mar como expresión del movimiento. Los blancos tan intensos compensados con contrastes abren su paleta a una variedad de blancos indescriptibles, ¿Cuántas gamas de colores podemos hallar en el blanco? El artista captura rayos de sol con el pincel y parece reírse de la historia del arte empeñada en buscar su temática en mitos y leyendas, encuentra la escena en la cotidianidad de su pueblo. Ante un cuadro de Sorolla sentimos la vida del color, de la línea, de la expresión, de los valores de la luz y de las sombras.

niñosNiños corriendo por la playa. Sorolla. Museo de Bellas Artes de Asturias. 1908

Hay un efecto lumínico en los cuadros de Sorolla. Un resplandor jubiloso, que nos evoca el esfuerzo, el drama temporal y espacial en el que nos sumerge Lacan con el montaje del espejo, aquí sustituido por el agua, los vestidos, la tela. En ese reflejo el hombre se precipita de una insuficiencia a una anticipación para hacer surgir en una línea lumínica una ficción, una imagen animada por la turbulencia que subyace detrás como discordancia de lo fragmentado, una relación alterada de una irreductible dehisencia con la naturaleza.

La maestría del trazo queda reflejada en sus dibujos donde insiste el sol vertical, los reflejos sobre el agua, el viento en las telas, los cuerpos mojados, el oleaje del mar, su gente. Sorolla nos muestra que nada de lo que nos rodea es inmóvil, el mar se riza, las nubes se deforman al mudarse de sitio, la cuerda de la barca oscila lentamente, aquellos muchachos saltan, los arboles doblan su ramas, se tuercen, los cuerpos se torsionan. Nos enseña que aunque todo estuviera petrificado, bastaría que se nos moviera el sol, cosa que hace de continuo, para darle otro aspecto a las cosas.

Maestro impresionista de la luz. Una luz perecedera y fugaz. Trabaja los colores con un trazo tan singular que como una vía láctea en la noche esparce brillo luminoso en un tiempo oscuro y nebuloso.

sorolla-sol-de-la-tarde-1903Sol de tarde. Sorolla. Hispanic Society of America- Nueva York. 1903

Sorolla es uno de los pintores españoles más importantes en la transición del siglo XIX al siglo XX. Quizás sea el máximo representante del impresionismo en España. Y no sólo del impresionismo sino del iluminismo, una corriente que investiga los efectos de la luz sobre los temas representados.

Nace en 1863 en Valencia y muere en 1923 en Madrid. Tuvo una larga carrera y una gran producción artística, más de 2200 obras se conservan del autor. El paisaje del mediterráneo y la luz serán una constante en sus cuadros.

Huérfano a los dos años, sus padres mueren a raíz de la epidemia del cólera, Joaquín Sorolla es criado por sus tíos. En una trama humilde y de trabajo, su tío cerrajero le enseña el oficio pero pronto descubre la habilidad y el gusto por el dibujo que hay en el niño. En algún momento Sorolla dirá: “Dos oficios me acompañan, pintor y cerrajero” en recuerdo a su amado tío que tempranamente le habría enseñado a abrir puertas y componer nuevos paisajes que sustituyan al de la guerra, la enfermedad, la oscuridad de la orfandad.

Sus tíos lo incluyen en el taller del escultor Cayetano Capuz y a los 15 años entra en la Academia de Bellas Artes de San Carlos. Un aprendizaje brutal, como un estallido, una ebullición que lo encuentra todo el día dibujando, pintando, observando, reflexionando. Visita el Museo del Prado a los 19 años y queda enamorado del arte barroco de Diego Velázquez (1599-1660). Por ese tiempo se hace amigo de Juan Antonio García del Castillo hijo del fotógrafo Antonio García Peris, el mejor fotógrafo de Valencia, en un tiempo donde la fotografía era una técnica nueva que pocos dominaban. De la mano de este amigo ingresa al estudio del fotógrafo para ofrecerle que le compre un bodegón, “Cuadrito de frutas” a cambio de algo de dinero para seguir estudiando. García Peris viendo la penuria del muchacho se convierte en su protector, lo toma como aprendiz y cuida que no mal venda sus pinturas, ya que ve el talento, el empeño y dedicación en sus obras. Lo aloja en el altillo de su casa y le da trabajo. Sorolla ilumina las fotografías en blanco y negro. Pasaba el día retocando las imágenes con acuarela. El fotógrafo le enseña detalles del oficio y Sorolla aprende a darle color a las imágenes, consiguiendo el color carne, los tonos de los vestidos, el claroscuro. Muchas obras del artista parecen fotografías no solo por el uso del color, sino por la composición, por la distribución del espacio, y de las luces. ¿Vendrá tal vez de ahí, de esos primeros pasos como colorista del fotógrafo, el gusto por lo instantáneo? Ese trabajo será de las mejores escuelas donde además conocerá a su compañera de vida, Clotilde, la hija de Antonio García Peris.

Aferrado a la pintura despliega su oficio de modo disciplinado, llevando una vida sencilla. La pintura, llegará a decir: “es lo único que existe, la pintura absorbe mi existencia, si no pintase quisiera morir”. Fuera de eso su vida es tranquila, familiar y laboriosa, como la de Diego Velázquez.

En 1885 va a París, y queda cautivado por la vanguardia de expresionistas, pero lo que más le interesa es el realismo de la luz. Se interesa por los efectos lumínicos sobre los objetos, trabaja la atmósfera y los detalles que se manifiestan sobre la teatralidad de la naturaleza. Sin embargo, su audacia se verá golpeada por el rechazo de la Academia. La mediocridad de esta sociedad de expertos ve con ojos de desaprobación sus innovaciones y Sorolla se retira con la sensación de haber sido expulsado, y se instala en Asís, Italia.

Amargado pero sin claudicar, se dedica a estudiar, a investigar, creyendo no saber nada, atendiendo mucho más al detalle y a la precisión del dibujo. Vuelve con un cuadro que podría colocarse en la serie de las Pinturas Negras del artista Francisco de Goya (1746-1828). Se sirve del acto del religioso Joan Gilabert Jofré, quien después de presenciar el maltrato que se le daba a un loco en la calle funda un hospicio para enfermos mentales, al que dedica su vida. El asilo mental más antiguo de Europa “De los Santos Mártires Inocentes”, en el año 1409 que acoge y asiste pobres, dementes y expósitos. Sorolla regresa para cumplimentar su beca con la obra “El padre Jofré protegiendo a un loco” respondiendo de manera elogiosa a las demandas de obras de tinte histórico, como el carácter de la época marcaba.

Jofre_sorollaEl padre Jofré protegiendo a un loco. Sorolla. Palau de la Generalitat- Valencia. 1879.

Sorolla se coloca con su arte en la filiación del arte español. Nieto de Velázquez e hijo de Goya.

Reflexiona y siempre se nutre del gran maestro Velázquez. Realiza como homenaje su interpretación de la “Venus del espejo”. Su cuadro “Desnudo de mujer” evoca y expresa dicha admiración, crea una obra maestra en homenaje a otra obra maestra de un siglo antes. Para esto convence a su mujer Clotilde, con estas letras que extraemos de su correspondencia: “tu cuerpo es así de noble, de clásico y de bello para mí”. Un desnudo es para Sorolla “un paisaje, proporciones, luces, colores, una belleza.” Pinta la desnudez de la roca, de los cuerpos de los niños, de su mujer. Su “Desnudo de mujer” es su interpretación, su versión. De espaldas cual Velázquez pero sin espejo. La figura de su mujer aparece como base entre esas veladuras y un uso del color donde logra transmitir la carnalidad del cuerpo. Su mujer, sus hijos, lo cotidiano de lo familiar, “es con ellos, dirá, que puedo hacer esto, la audacia de encontrar brillo en las sombras”.

desDesnudo de Mujer. Sorolla. Colección particular. 1902

Su reconocimiento y justificada fama, lo lleva a retratar personajes célebres e incluso recibe un encargue de relevancia. Pintar España en un panel de 70 x 3,5 metros. No toma fotos, sino que con gran esfuerzo y desgaste, va a cada lugar y pinta al natural 14 grandes murales que le encargan de la Hispanic Society donde capta los detalles costumbristas de España, obra monumental que hoy se encuentra en la biblioteca de dicha institución en el corazón de Manhattan.

A Sorolla no le gustaba pintar en el estudio, sino al aire libre. Pero en los lugares al aire libre hay que hacerlo muy rápido. El espacio y la luz cambian, están en constante movimiento. Esto lo lleva a un nuevo lenguaje pictórico con una pincelada muy rápida y suelta. Pinta con pinceles con cabos largos, ante las inclemencias del viento, en jornadas muy largas con los lienzos bajo el sol y la ausencia del apoyo del tiento tiene que hacer pinceladas sueltas, como suelen ser las pinceladas de los impresionistas. Y será con ese trazo grueso que irá encontrando una zona donde transcurre su trabajo. Con osadía elimina el horizonte para darle prevalencia a lo que transcurre en esa línea. Hace de ese borde una orilla, entre la arena y el mar, donde compone sus escenas.

paseoPaseo a orillas del mar. Sorolla. Museo Sorolla Madrid. 1909

“La vida de un hombre no cabe en ese tipo de relato, en eso que llaman uds los periodistas su biografía, y sabe por qué, porque siempre faltarían allí sus sueños más íntimos, eso que nos hace saber realmente quienes somos a lo largo de nuestra vida. Aunque de verdad cambiamos tanto que al final de la vida venimos a ser algo así como una procesión de personas diferentes.” Cartas de Sorolla

 

1. Fuentes: Información del Museo del Prado, Museo Sorolla en Madrid. Film: Cartas de Sorolla, de José Antonio Escrivá, España, DePalacio Films, 2006.

 

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Silvana Tagliaferro, Psicoanalista. Licenciada y Profesora en Psicología de la UNLP. Desde el cuarto año de la carrera comenzó su formación psicoanalítica. Integrante de la Cátedra de Clínica de Adultos y Adolescentes de la UNLP de 1998-2004. Trabajo en Clínicas Neuropsiquiátricas durante 8 años. En el 2004 fundó junto con otros colegas la Escuela Freud-Lacan de La Plata. Ha participado en la Comisión Directiva fundadora y en el cargo de Presidente de la Escuela durante la gestión 2011-2013. Despliega su práctica clínica en La Plata y en Bs. As. Supervisora de la Residencia de Psicología de PRIM Moreno, del HIGA Hospital San Martín de La Plata, Hospital Alejandro Korn de Romero. Ha presentado trabajos en diversas revistas del ámbito psicoanalítico y participado en los Congresos de Convergencia, Movimiento Lacaniano por el Psicoanálisis Freudiano y en la Reunión Lacanoamericana de Psicoanálisis. Desarrolla en el espacio de seminario en la EFLA y en varios grupos de convergencia su investigación clínica.

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