CARTAS DE NAVEGACIÓN. ESCRITURAS CLÍNICAS, DE MEDINA, LARROSA Y MONTAÑEZ. POR Helga Fernández.

El domingo 9 de junio de 2019, en Parque Chas, desembarcó Cartas de Navegación. Escrituras Clínicas, de Horacio Medina, Victoria Larrosa y Fernando Montañez, editado por Ediciones Archivida  y realizado a mano y cabeza por Vagantes Fabulae

Fue recibido con palabras por Elizabeth Barral, Juan Besse y Helga Fernández. Ya fue publicado el trabajo de Elizabeth, continuamos con la presentación de Helga.


¿Qué puede querer decir “recibir un nuevo libro al mundo”?

En la pregunta suena el eco de un decir del que hacemos uso ante otro acontecimiento, el de recibir una persona al mundo. La resonancia no se produce por la vecindad en la expresión. La vecindad de expresiones, creo, se arma por lo que pasa en cada uno de estos acontecimientos. En uno y otro, el mundo se altera, se trastoca. La nueva vida que llega o adviene, la del libro o la de la persona, si nos penetra, si nos afecta, modifica nuestra sensibilidad: la trastoca. Por esto se nos hace necesario dar la bienvenida, como un modo de dar lugar, de suscitar, como un modo de auspiciar el recibimiento ante una arribancia. Presentar un libro, es un gesto de apertura y también de invitación a la apertura. De biendisponerse al trastrocamiento. De hospitalidad. Tal vez un rito de hospitalidad.


Lo que me trastocó de Cartas de Navegación es la consecuencia que construye entre el qué y el cómo. Esta es una manera de decir lo que quisiera un tanto esquemática, se dice mejor lo que quiero si digo que, si el modo de transmisión forma parte de lo que se dice, este libro practica lo que enuncia. Hace lo que dice y dice dice lo que hace. En este sentido, es un libro auténtico, leal. 


Hace un tiempo, escuchando a una persona que soñaba y perdía en aymará, caí en la cuenta de que cada lengua tiene su propia geografía. Su paisaje, su animalidad y su vegetación. Entonces cada habla y, claro, cada escritura crea sus propios recodos en ese paisaje, sus páramos, sus guaridas, incluso su propia intemperie.

¿Qué textura desembrolla la extensión de un texto?

¿Qué paisaje crea Cartas de navegación?


Cartas de navegación derrama un océano, ahí, adelante nuestro, mientras leemos. Al comienzo, de alguna forma, anuncia que el viaje está por arrancar. Sin saberlo abordamos, se elevan anclas, y, página tras página nos va adentrando en un océano atravesado de infinito. Un océano sin orillas, sin tierra a la vista. El mismo océano que nos inunda cuando nos desamarrados del yo y de la ilusión de que habría quién habla detrás, debajo o adentro de todo lo que se dice. El mismo océano que nos empapa en la práctica de la escucha cuando nos des-sujetamos del sujeto como categoría. 


Cartas de navegación  trasmite que tan ocupados por entender, por pescar fallidos que alimenten la voracidad del sentido, por mostrar superioridad de sobrevivencia ante las inclemencias del lenguaje, no nos dejamos partir hasta extraviarnos. Hasta que, como en noche brumosa de altamar, se difumina el arriba y el abajo, adelante y atrás. Hasta perder el punto de partida. Hasta perder el punto de llegada. Hasta perder todo punto de vista. Hasta que el todo mismo quede alterado por las mareas y los vientos: 

o d t o 

   t o o d     

    d o t o 

d t o o   

  o o t d.

Porque hay viento , no pasa       nada.           

E svienton    o       m           à          s.

Recién ahí, –parafraseando el decir-hacer de este libro– adentro del afuera, en el medio del paisaje implacable del lenguaje, lo no esperable aparece, irrumpe, con la forma y la fuerza  del sujeto evanescente y su tiempo de síncopa, de apertura y de cierre. Una aparición corta el continuo del infinito, como un relámpago. 


Cartas de navegación grita y balbucea que si el viajero es aquel que retorna relatando lo que vivió, el que escucha es aquel que por el hecho mismo de escuchar da lugar a un retorno desde la inmensidad marhullante del lenguaje. Porque el verdadero viajero, el viajero posta, no es el que llega y cuenta lo que pasó, es el que va arribando por el hecho mismo de hacer experiencia del extravío.

Victoria, Horacio y Fernando, como viajantes de altamar, después de haberse dejado extraviar, leales a esa geografía por la que anduvieron, trazan meridianos y paralelos advertidos de que lo que allá afuera se vive no puede ser escrito con la marca de la rúbrica, la psicopatología, el caso  o categorización, sino, apenas, con la marca de una stella, tan fugaz y perecedera como aquello que transmiten.

La escritura de un sujeto evanescente y sus largas temporadas de ausencia en aguas extensas, no podría ser otra que la de la fugacidad. Que la de la revelación por golpes, por raptos. Que la del fragmento y la esquirla. Que la que trata al lector como sobreviviente de un naufragio, no como aprendiz de timonel.

Esta consecuencia del libro entre lo que dice y lo que hace es lo que reconozco como un estilo. Un estilo con valor clínico, gracias al que la transmisión no depende de no sé qué distancia que existiría entre aquello sobre lo que se relata y el relato, porque esta escritura lleva en sí misma las propiedades de la clínica. Estos viajantes, fieles a su estilo, una vez emprendido el retorno, no se aferran del salvavidas del estribillo o la ecolalia, invencionan la manera de escribir lo posible y también la manera de escribir lo innombrable, lo que no entra en la palabra, por más redes y anzuelos que echemos al mar.

Este libro destila un océano, pero también estila que el viaje es el canto del retorno, no un retorno nostálgico o la retención de un antes que se pierde; un otro retorno, el de la resonancia, el eco, la ecolocalización. Lo hace a través de un estilo que es brújula sonora, clave de escucha, diapasón que nos lleva a vibrar en una frecuencia particular a la vez que la crea. Un estilo, que en su capacidad háptica(1),  extiende una superficie de sensibilidad. Una cartografía viva, tactable, que como decía al empezar, nos trastoca.


Este libro propone, y es lo que agradezco, mucho, que la clínica es una Odisea. Cada vez. Vale decir, que la clínica es la posibilidad de volver por mar y, al mismo tiempo, la de haberse ido.


  1. También y tan bien acompañada, en consecuencia, con la confección exquisita del libro-objeto, de Vagantes Fabulae.

Helga Fernández: Psicoanalista. A.M.E de la Escuela Freudiana de la Argentina. Coordina el grupo de trabajo: El malestar en la cyberlización. (El analista y las letosas). https://www.facebook.com/220092858119170/posts/2644231279038637/?d=n Supervisa, da clases y mantiene conversaciones de formación en hospitales de la Provincia de Bs. As. y de C.A.B.A. Autora de Tramoya. O la maquinaria de la voz novelada. Ed. Milena Cacelora. Buenos Aires, 2016. Co-autora de Melancolía, perversión, psicosis. Comunidades y vecindades estructurales. Ed. Kliné/Ed. Oscar Masotta; El hilo en el laberinto I y II. Lectura del Seminario De un Otro al otro, Ediciones Kliné – Ediciones Oscar Masotta, Bs. As 2016; La carta del inconsciente. Ediciones Kliné – Ediciones Oscar Masotta. Buenos Aires, Buenos Aires, 2007; Feminismos, de Leticia Martín y otras. Letras del Sur, 2017; Acuerdo en el desacuerdo, Qeja, 2019, y, Identificación, nombre propio, síntoma. Una lectura del Seminario IX. Buenos Aires, 2020. Escribió para diversas revistas: LALANGUE; La Mosca; En el margen, entre otras. Directora editora y columnista de Revista En el Margen. Próximo a publicarse su último libro, Para un psicoanálisis profano, por editorial Archivida.


Victoria Larrosa. Lic. en Psicología, UBA. Doctoranda en Psicología. Practica la escucha clínica desde 1997. Trabajó en el Hospital José T. Borda entre 1997 y 2001. Es Jefa de Trabajos Prácticos en la Materia Problemas Antropológicos en Psicología, UBA.  Es docente en el Postgrado Vínculos, Familias y diversidad cultural del Instituto Universitario del Hospital Italiano. Fue docente en la Facultad de Psicología, UBA, de Teoría y Técnica de Grupos II y Psicología Institucional y en la Facultad de Ciencias Sociales (UBA) en Psicología Social e Institucional. Dio clases en la Universidad de Lanús. Es autora del libro Curandería, escucha performática, clínica y gualichera (Heckt, 2018); coautora en Instancias en común sin comunidad (La Cebra, 2018) y en Ensambles (EUDEBA, 2011); coeditora y autora de varios artículos en Revista Transversales 1 y 2 (2010, 2011). Investiga: escucha, sonoridad, sentido, dolor, escritura, entre el psicoanálisis, filosofía y estética.


Horacio Medina. Lic. en Psicología, UBA. Psicoanalista, práctica clínica desde 1996. Magíster y Especialista en Ciencias Sociales y Humanidades. Mención en Comunicación (UNQ). Psicólogo institucional en GCBA. Profesor Adjunto de la cátedra Problemas Antropológicos en Psicología (UBA). Docente de Extensión en UBA y UNLA. Docente de Posgrado en UNER sobre el pensamiento de J.L. Nancy. Realizó investigaciones en UBACyT en los campos interdisciplinarios de Psicología y Antropología. Docente de Maestría en Vínculos, Familias y diversidad cultural del Instituto Universitario del Hospital Italiano. Coordinador editorial y co-autor del libro Ensambles (2011). Participación como co-autor en los libros Incesto: un síntoma social, en Juventud, memoria y transmisión: Pensado junto a Walter Benjamín (NOVEDUC, 2012) y en Entreveros y afinidades 2 (La Hendija, 2017), publicación de artículos en revistas nacionales e internacionales. Participación en Jornadas y Congresos. Investigador en el cruce entre el psicoanálisis, teoría literaria y el pensamiento contemporáneo: trauma, historia reciente y narrativas biográficas.


Fernando Montañez. Lic. en Psicología, UBA. Maestrando en la Maestría en Ciencias Sociales y Humanidades. Mención en Comunicación (UNQ). Profesor Adjunto a cargo de la materia  Problemas Antropológicos en Psicología (UBA), desde 2008. Miembro de la Escuela Freudiana de Buenos Aires.  Práctica la clínica desde 1991. Fue concurrente en el Centro de Salud Mental Ameghino. Ha participado de investigaciones en UBACyT en el campo de psicología y antropología. Presenta habitualmente trabajos en encuentros profesionales, congresos y jornadas de psicoanálisis. Coautor del Ensambles (EUDEBA, 2011). Cartas de navegación, Escrituras Clínicas, es parte de su interés por el avance del psicoanálisis y de las preguntas que, suscitadas por la clínica, comparte con sus amigos.


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Un comentario en “CARTAS DE NAVEGACIÓN. ESCRITURAS CLÍNICAS, DE MEDINA, LARROSA Y MONTAÑEZ. POR Helga Fernández.

  1. Me gusta lo dicho sobre lo que es estilo :

    “Esta consecuencia del libro entre lo que dice y lo que hace es lo que reconozco como un estilo. Un estilo CON VALOR CLÍNICO, gracias al que la transmisión no depende de no sé qué distancia que existiría entre aquello sobre lo que se relata y el relato, porque esta escritura LLEVA EN SÍ MISMA LAS PROPIEDADES DE LA CLÍNICA. Estos viajantes, fieles a su estilo, una vez emprendido el retorno, no se aferran del salvavidas del estribillo o la ecolalia, invencionan la manera de escribir lo posible y también LA MANERA DE ESCRIBIR LO INNOMBRABLE, lo que no entra en la palabra, por más redes y anzuelos que echemos al mar” –
    He escrito en mayúsculas lo que me interesa y me gustaría saber mejor. Dos o tres citas del libro reseñado para vivenciar en lectura lo referido me habrían gustado mucho.
    Buen texto de H.F. Gracias!

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