Dos preguntas a Rosa Navarro Fernández.

Gisela Avolio, responsable sección.

Helga Fernández, editorial.


–¿Cómo y cuándo descubrió el psicoanálisis?

–Se fue fraguando en el tiempo. ¿Cómo puede una niña, a partir de minúsculos detalles, sonidos, entonaciones, miradas apenas esbozadas, gestos brevísimos, acentos imperceptibles de una voz familiar que por un instante se vuelve extraña, saber que esa noche, tras la cena, sus padres se irán al cine después de dejarla dormida? Esa niña se lo preguntaba. ¿Cómo una adolescente en una visita, programada por el instituto, a un psiquiátrico, después de la presentación de enfermas realizada por el director, se pregunta cómo es posible que él hablase de ellas, delante de ellas, sin dirigirse a ellas y sin concederles la palabra? Esa adolescente escribe luego un poema como respuesta, una necesaria subjetivación ante la despersonalizante objetivación presenciada. ¿Cómo una joven decide dirimir la problemática cuestión religiosa de la existencia de Dios, para liberarse de sentirse impedida y seguir adelante, buscando un profesional religioso, un jesuita, con quien reunirse y hablar de la cuestión que la mantiene trabada? Ella habló, el jesuita escuchó, y de esa sesión la joven salió destrabada.

Y así se fue trazando mi entrada, en prácticas de psiquiatría, al primer hospital de día del país, que funcionaba como una comunidad terapéutica, donde se produjo un fructífero encuentro con una psicoanalista argentina y con quien se forjó una amistad inquebrantable. Descubrí una manera de escuchar, de entender, de pensar tan diferente como sorprendente, de dar la vuelta a lo que parecía no tenerla, de encontrar cierta afirmación en lo que se niega, de articular lo que se presentaba como inarticulable, de valorar el equívoco y lo accidental, y, sólo con desear dar un espacio a la palabra del otro. Y ahí deseé y comencé mi primer análisis. 

–¿Qué puede aportar el psicoanálisis a la contemporaneidad?

–Parece una pregunta trascendente, sin embargo, una primera asociación se ha abierto camino: de mi segundo tramo de análisis dije coloquialmente, que me había curado del odio, después de una bajada a los infiernos.

El odio remite a la alteridad y al ideal que implica siempre al yo. La pasión humana violenta es narcisista, en el registro de la fraternidad está Caín que mata a Abel en cuanto éste encarna la imagen ideal que Caín quisiera ser, inalcanzable en cuanto el otro se le presenta como alguien que ha conseguido la unidad, sin división, sin falta. La violencia surge por la fascinación de esta imagen completa, yo ideal, puesta en el “ser”, dualismo de el ser y la nada, una nada amenazante que puede desalojar, convertirte en extraño, y desapropiar, convertirte en extranjero. Es el extranjero, el desplazado, el apátrida, quien porta entonces esa parte de ti que odias. Es preferible anular al otro, al que se me asemeja, porque “solo eliminándote soy”. 

El odio viene al lugar del duelo y se dirige a aquel a quien se hace causante de la pérdida. También la violencia viene al lugar de la palabra. Cuando la palabra es amordazada, impedida, cuando la lengua disidente, extranjera, no es reconocida, no se le da la palabra, entonces se abre una vía a la violencia como respuesta. Lo que nos perturba es nuestra propia lengua interna, disidente, extranjera, que nos habita como exiliados que somos de lo propio. Hemos atravesado una experiencia violenta para constituirnos como humanos, el renunciar a la violencia humaniza la vida. 

Sólo cuando puedo reconocer mi fragilidad, mi desnudez, mi nada, en la nada, la fragilidad y desnudez del otro, puedo reconocer mi humanidad en él. El espacio psicoanalítico es un lugar de humanidad, uno es reconocido al reconocerse.


Médico Psicoanalista. Ejerce como psicoanalista en Reus (Tarragona, España). Pasó consulta en el Hospital Sant Pau i Santa Tecla, Consultes externes del Servei de Psiquiatria i Psicoteràpia. Tarragona (1995 a 2003). Miembro fundador del Espacio de Transmisión Psicoanalítica en Tarragona. Miembro de la Fondation Européenne pour la Psychanalyse. Profesional colaborador de Umbral, red de asistencia psi y coordinadora del equipo de Umbral-Tarraco, sede en Tarragona. Miembro del Consejo editorial de la revista Trauma Estudios de clínica psicoanalítica, Barcelona. Artículos publicados en La clinique lacaniènne, Lapsus de Toledo, y en Trauma Estudios de clínica psicoanalítica Realiza actividades de formación en el Colegi Oficial Psicologia de Catalunya. Ha impartido seminarios y conferencias de teoría y clínica psicoanalítica en el departamento de psicología de la Universitat Rovira i Virgili de Tarragona.


Gisela Avolio, actualmente trabaja como analista, es miembro fundadora de la Escuela Freudiana de Mar del Plata, y miembro de Fondation Européenne pour la Psychanalyse. Fue Residente de Psicología en el Htal. Subzonal especializado Neuropsiquiátrico Dr. Taraborelli (Necochea, Bs. As.). Dicta clases en las actividades de la Efmdp, y allí coordina el dispositivo Práctica psicoanalítica con Niños y Adolescentes, desde 2010; actualmente es docente y supervisora de la Residencia de Psicología Clínica de los Hospitales Provinciales de Necochea y Mar del Plata. Y dicta clase anualmente en Centre IPSI de Barcelona. Desempeña la práctica del psicoanálisis en el ámbito privado.


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