Corresponsales de urgencia. Por Yanina Marcucci.

Hoy, en este contexto de confinamiento, aislamiento social obligatorio y amenaza de muerte a causa de un virus del que casi nada sabemos, vivimos con la sensación de que mucho de lo que fue dicho “antes de” está perimido o ahora, ya mismo, no es de  utilidad. Al desasosiego se le suma, por contraste, el requerimiento de representaciones que den cuenta de lo que pasa y nos pasa. Por estos días lo único que a algunos nos mantiene medianamente en paz es leer a quienes se animan a decir, aunque se equivoquen o sepan que lo que arriesgan es provisorio y hasta erróneo. Ante el espesor de la incertidumbre, se patentiza la necesidad de discurso, de ficción, de metáforas que nos ayuden a habitar un mundo que se parece mucho a un ultimátum.

En el margen inaugura, esta nueva sección. Nueva, no sólo porque es otra distinta a las que ya existen, también porque aquí no se hablará estrictamente de psicoanálisis. Esto último por dos razones:

  • Afirmamos fuerte que es necesario para la existencia, no sólo de las personas sino también de los discursos, entrar en contacto con lo otro. Más todavía, si lo otro también es lo que estamos atravesando.
  • De todos modos y pese a todo, continuamos dentro de la ética del decir. Una ética que lanza a la totalidad del Logos (el modo como Lacan mencionó a la comunidad en tanto soporte de la dimensión simbólica) otra cosa que datos,  y, a la vez que procura seguir diciendo, continúa tramando lo que urge.

Dadas las circunstancias, llamamos a esta sección Corresponsales de urgencia.

Hoy publicamos un texto de Yanina Marcucci, en el que, como trabajadora de la salud, relata su quehacer en el CeSAC 14. Creemos que el mejor reconocimiento hacia quienes siguen en la calle es hacer circular su testimonio.

 

Editorial, Helga Fernández.


Yanina Marcucci es psicoanalista y trabajadora (psicóloga) del CeSAC 14, ubicado en Villa Cildañez, Parque Avellaneda desde el año 2017. 

La cuarentena la obliga a  concurrir a diarios a uno de sus lugares de trabajo, ya que el “personal de salud” del “sistema de salud” es considerado esencial. Esencial a tal punto que, a diferencia de otros rubros, no está exceptuado por tener hijos en edad escolar afectados por la suspensión de clases.

Con el acuerdo excepcional de los analizantes continúa manteniendo las sesiones telefónicamente, mientras dure el aislamiento. 

Evita el transporte público e intenta adoptar todas las medidas de cuidado posibles para ingresar a su hogar en el mayor estado de asepsia posible, para cuidarse y cuidar a su familia.

Yanina, también es integrante de la Mesa de Salud de Cildañez (conformada por vecinxs, trabajadorxs del CeSAC, organizaciones sociales y políticas del barrio). Psicoanalista. Miembro de la EFA. Trabajó en Hospital Piñero como concurrente,  entre 2006-2011 y en consultorios externos de salud mental. integró el Equipo de interconsulta de pacientes VIH+.y formó parte el Programa de Pacientes embarazadas en situación se consumo problemático de sustancias. Fue suplente de Guardia Externa, desde el 2012 al 2016. Docente ad honorem de la Materia Salud Mental, en la sede Piñero de la Facultad de medicina , UBA, desde el 2012 al 2017.

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Van algo más de tres semanas de aislamiento social preventivo y obligatorio. Parece que arrancó ayer y también parece que arrancó hace un montón. El tiempo que a veces no pasa y otras no alcanza. Un clima de prisa, de urgencia pero también de espera. La sensación de que el caos aún no llegó. No aún. Los aplausos y las cacerolas, el orgullo y el temor. Las ganas de vernos y la importancia de mantenernos distantes. Esa tensión, constante, permanente. Sueños, a veces profundos y a veces no tanto, donde se cuelan nuevos significantes, o tal vez conocidos pero con otro valor: protocolo, caso sospechoso, alcohol en gel, barbijo, máscara, contagio, riego, exposición. La risa compartida, también la angustia, propia o de algún otro, el desborde, las discusiones, las condiciones, la demanda, la respuesta. Pensar estrategias, activar recursos, articular algo. La permanente necesidad de definir qué sí, qué no, cómo, cuándo y en qué condiciones. Las
presiones y la resistencia. Lo de hoy que mañana ya perdió vigencia. La constante organización de las tareas. Pareciera que todo hace foco en la pandemia y lo demás se torna borroso, se desdibuja.

De pronto todo es COVID, la llamada emergencia sanitaria hecha sombra sobre muchas de las cosas de las que es necesario seguir ocupándose desde un Centro de Salud y Acción Comunitaria (CeSAC) del sur de la Cuidad de Buenos Aires.

Primer asomo de lo urgente: definir qué prácticas continúan y cuáles pueden esperar, discriminar, diferenciar, descompletar el “todo en función de la pandemia”. Poder ver, un poco más allá y un poco más acá de la llamada “situación sanitaria actual” Lo otro no se hace esperar, brota, se presenta.

Día 1 de aislamiento social, preventivo y obligatorio: Un vecino se acerca a pedir ayuda. Es habitual en un CeSAC el contacto con la comunidad; es lo esperable, parte de la tarea, promover ese lazo, funcionar como lugar de referencia; orientarse bajo la premisa y la convicción de que la salud involucra aspectos tales como el pleno goce de los derechos humanos.

Trabajar en territorios habitados en su mayoría por personas vulneradas es un choque constante con un ideal de salud que no suele estar ni siquiera cerca. Como casi en todos lados se hace lo que se puede con lo que hay, y muchas veces lo que hay es lo que se inventa, lo que se trama, lo que se arma cada vez y se vuelve a desarmar, eso que dura aunque sea por un ratito, pero ese ratito hace que haya valido la pena. Que haya valido la pena los intentos y los fracasos, la solidaridad que no falta a la cita, las redes, las relaciones, los contactos que quedan para la próxima. La tarea es sumamente artesanal.

Ahí donde las instituciones no responden, donde el Estado no aporta acciones eficaces, justo ahí, desde ahí, es donde nos ponemos en marcha. A partir de lo que no anda. Sabemos que no es nuestra función suplir lo que cojea o está carente, sabemos que no sería posible hacerlo, sabemos que no podemos llegar a todxs, que no tenemos ni cuerpo ni recursos para eso. Pero también sabemos que algo tenemos para aportar desde nuestro lugar, desde nuestra función. No desde nuestra persona o desde lo individual, no es en nombre propio. No son actos altruistas ni grandilocuentes. Es siempre con otros, pensar estrategias lo llamamos, evaluar recursos necesarios y disponibles, pensar qué puertas golpear, qué voluntades movilizar.

Vuelvo al vecino que se acercó el dia 1 del aislamiento. El buen hombre cartonea, “cirujea”, vive con la diaria junto a una hija y dos nietas. Come con lo que consigue en el día o con lo que vende en la feria que se arma en el barrio dos días a la semana. El día anterior la feria no pudo ser. La gendarmería, bajo el clima de la cuarentena inminente, impidió que se monte. Muchos vecinos y vecinas no pudieron hacer el mango que necesitaban para ese día y el siguiente. Este hombre nos pide algún dato para gestionar algo de comida, dice que con un paquete de fideos se arregla, que en los comedores los cupos ya están llenos. Con resignación dice que no respetará el aislamiento y esa noche saldrá a cartonear.

Ese mismo día, el 1ero del aislamiento, consulta una mujer que evidencia estar embarazada. Tiene que internarse porque su embarazo no es viable y requiere su interrupción. A esa situación agrega la incertidumbre de si el hospital va a estar disponible para alojarla.

El mismo día también se acerca una joven solicitando poner fin a un embarazo de pocas semanas. Relata una relación de pareja que finalizó por situaciones que hacía rato la dañaban. Su embarazo, cuenta, se produce a causa de un encuentro sexual que ella no consciente. Ahora está embarazada sin haberlo querido, ni habérselo propuesto.

Llega el fin de semana. La circulación de información no se toma descanso. Algo pasa que pone en mayor grado de alerta al sistema de salud. Recibo un mensaje que dice que muchas prácticas ambulatorias e internaciones programadas que se venían haciendo quedan en suspenso.

Es domingo pero me invade un pensamiento que reúne las tres situaciones del primer día de aislamiento. Pienso que esto recién empieza.

Hay algo que es como una suerte de entrenamiento o aprendizaje que, creo, es una de las
cosas que nos permiten trabajar en sitios como hospitales y centros de salud. Es el hecho de advertir que ciertas cosas no dependen de uno, que no estamos ahí para ser garantes ni ofrecer promesas. Es algo que de todas formas es necesario recordar cada vez. Saber que sí estamos para acompañar cierto recorrido, el de cada uno, el que cada uno pueda, el que cada uno quiera. Que sí estamos para señalar que hay cosas con las que se podría contar, cosas que puede ser que no se conocieran, que no entraran en la cuenta, o que no tuvieran valor. Que sí estamos para dar la palabra con nuestra escucha y que eso cuente, que valga.

Durante estos días varias personas me preguntaron porque los no médicos estamos yendo a trabajar “en cuarentena”, “¿qué hacen?” Claramente por las medidas adoptadas no hacemos nuestras tareas habituales. No es tan sencillo pasar a texto lo que hacemos. Creo que en parte la tarea tiene un poco que ver con hacer del tiempo, lugar. Lugar para alojar esas demandas que no tienen que ver con la pandemia pero que apremian, que tienen su urgencia. Entonces algo se empieza a gestar, a gestionar y circular; y aparece , por ejemplo, una donación de alimentos para el vecino que se acercó y para algunos otros, y nos comunicamos con el hospital para asegurarnos día y horario en que la paciente embarazada será recibida y acompañamos la interrupción del embarazo de la joven que consultó, asegurándonos que tendrá acceso a lo que sea necesario para que la práctica se realice en condiciones seguras.

De alguna manera, pienso, hacer del tiempo lugar es hacer existir aquello que el clima de “la pandemia” y “el aislamiento” tornó borroso. Abrir espacio a otras urgencias que no sólo no desaparecen sino que aparecen en carne viva.

Un comentario en “Corresponsales de urgencia. Por Yanina Marcucci.

  1. Bienvenida esta nueva sección !!! Que se inaugura con este texto tan conmovedor como necesario Comparto y subrayo que en buena parte de los lugares de atención de la salud han quedado desplazadas, borroneadas, las “demandas que no tienen que ver con la pandemia pero que apremian, que tienen su urgencia”,y ahí se revela la función de los practicantes del psicoanálisis que se orienta a “Abrir espacio a otras urgencias que no sólo no desaparecen sino que aparecen en carne viva”

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