Paspartú. Esquizia #3. Egon Schiele y el erotismo sacro de los cuerpos. Por Silvana Tagliaferro.

Editorial, Helga Fernández y Gerónimo Daffonchio.

Asistimos a un espectáculo de degradación de los cuerpos. Las políticas se mueven y desplazan como maquinarias de control. El poder político siempre es de los cuerpos porque se trata de la economía libidinal, de los goces, del placer, de la sexualidad, del erotismo, de la vida y de la muerte. El cuerpo sexuado sigue escandalizando porque propone lo impredicativo para todo régimen que intente dominarlo, vigilarlo y castigarlo reduciéndolo a un objeto de la maquinaria, un juguete o un gadget de este teatro llamado mundo, a veces inmundo.

Hoy impera guarecer los cuerpos, aislarlos, cuerpos sufrientes reducidos a algoritmos de una curva exponencial o a un contador macabro que cifra los decesos. Que este número de Esquizia# esté dedicado a Egon Schiele es por dos razones. Primero, porque este artista, dibujante, pintor, grabador y poeta austríaco contemporáneo de Freud, discípulo de Klimt modifica el modo de ver el erotismo y la sexualidad de los cuerpos. En segundo lugar, porque es un artista que se las tuvo que ver con la llamada Gripe española del año 1918. Tal vez, las dos razones no estén distantes, o aún el sin razón del porqué Schiele, porque es necesario que los cuerpos encuentren otra estética ante el telón siniestro que corrompe y distorsiona lo vivo.

La obra de Schiele desgarra, divide e inquieta al que la contempla. Rompe la unidad reflexiva, introduce cierta perturbación mediante las poses más extravagantes y los gestos más patéticos. Esta tensión, eso vivo que los cuerpos exclaman siguen el trazo freudiano de 1920. Los cuerpos desnudos proponen una erótica en los tiempos más cruentos de la Primera Guerra, ligados a la destrucción proclaman preservar la belleza y el deseo. Esos cuerpos en escorzo captan lo perecedero, frágil y esfímero, figurando en la tela de Schiele una sensualidad provocativa. Avanza en el margen de la moral de una época, se sirve de lo marginal arrancándole lo obsceno y pornográfico al desnudo transformando lo erótico en lo sacro de un cuerpo.

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Egon Schiele es uno de los tantos artistas a los que la peste arrebató demasiado pronto la vida. La gripe española fue la epidemia más devastadora desde la Peste negra medieval, con un saldo de entre 50 y 100 millones de muertos y varios millones de afectados. Referirnos a esta antecedencia es una manera de colocar la pandemia que estos días atraviesa al mundo en una serie, donde con la seriedad que le respecta, nos abre a la consideración de este avatar con el que la humanidad se las ha tenido que ver varias veces.

Desde la plaga de Atenas del 430 aC hasta el Covid-19 del Siglo XXI una veintena de pandemias han puesto en riesgo la vida de los hombres. Desde los tiempos más ancestrales y bajo las creencias y mitos de cada época, el hombre ha vivido la peste como castigo de lo divino o de alguna divinidad incluso llamada Natura. La peste de Atenas que se extendió de Etiopía, atravesó Egipto y Libia para impactar en Grecia acabando con la vida de miles de griegos y espartanos hasta del mismo gran líder Pericles en tiempos de Sócrates, era explicada desde la mitología griega como venganza. La diosa Hera, esposa de Zeus, envió la plaga a la isla de Egina, nombre de la ninfa con la que Zeus le fue infiel. La plaga aparece como expresión de su ira ante la infidelidad. Lo sexual se intrinca a la muerte para explicar el azote de la Peste que termina con miles de vidas.

Schiele nace en Austria en 1890 y muere el 31 de octubre de 1918 también en dicho país, a la temprana edad de 28 años como consecuencia de la gripe. Integra el grupo de la Secessión vienesa un movimiento donde Gustav Klimt es el presidente. La relación entre Gustav y Egon es de las más fructíferas en la pintura porque no sólo Schiele se ve influenciado por el uso de las líneas gruesas y el ornamentalismo de la obra de Klimt sino que el mismo Klimt recibe una influencia del erotismo que desprenden los cuerpos de Schiele. Acusaciones infundadas, obras prohibidas y censuradas atraviesan la producción del artista. Nos resulta interesante el tratamiento estético que le da a los cuerpos y para ello es necesario ubicar el contexto en el que este trazo se expresa.

               Aludir a la Viena de 1900 implica la consonancia de al menos tres nombres, Sigmund Freud en el movimiento psicoanalítico, Gustav Klimt y el movimiento de la Secessión, Otto Wagner figura central y revolucionaria de la arquitectura austríaca. Estos al menos tres, transformaron el tejido cultural e intelectual de la Viena de aquel entonces. En esta trama surge Egon Schiele. Tenemos a Freud, que acaba de perder a su hija Sofía, escribiendo Lo siniestro, Más allá del principio del placer y una Introducción al simposio sobre las neurosis de guerra. El Leopold Museum arma una muestra Viena 1900, que presenta de este modo: Alrededor del cambio de siglo, la metrópoli del Danubio era la capital tanto de la alta nobleza como de los intelectuales liberales, de la espléndida Ringstrasse y las interminables zonas de tugurios, del antisemitismo y el sionismo, de un conservadurismo rígido y el modernismo emergente. El esplendor y la miseria, el sueño y la realidad, la disolución del yo y el nuevo comienzo caracterizan el pluralismo estético y marcan la Viena de ese tiempo como un lugar de experimentación y un laboratorio de ideas, y por lo tanto como un motor central para un movimiento turbulento de renovación. Esta atmósfera heterogénea – Arnold Schönberg habló de una “emancipación de la disonancia” – proporcionó el escenario para la consolidación única de los esfuerzos culturales que hoy nos hace considerar el período de Viena alrededor de 1900 como la fuente del modernismo”.

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Es una Viena donde los artistas e intelectuales se enfrentan a la generación de sus padres, como transformar la rigidez y crueldad mortificante de la época. El emblema de la Nuda Verdad, obra de Klimt, nos ofrece una Eva sosteniendo no una manzana sino un espejo para mirarnos, para mirar la hipocrecia. Una Viena retrasada, dividida entre la aristocracia y el proletariado. Una polis amurrallada ante un temor no del afuera sino del adentro. Se empieza a armar una planificación nueva. ¿Contra qué reaccionan estos jóvenes? Viven algo asi como un Apocalipsis alegre, una consciencia creadora sabiendo que esto se termina. La avenida Ringstrasse pasa a ser el centro, donde antes estaba la muralla pasa a haber una calle, una vía donde encontramos en su trazado los más importantes edificios. La construcción de la ciudad, su circulación es obra del arquitecto Otto Wagner junto con la idea urbanística de la plaza como lugar de concentración, de reunión del pueblo. Klimt es un artista público, ha pintado grandes e importantes edificios. Es con el movimiento de la Secessión con quien produce una ruptura incluso con su propio estilo más rococó. El encuentro con Egon Schiele y Oskar Kokoschka modificará la obra del mismo Klimt. La verdad desnuda frente a la falsedad de Viena. La verdad tiene estructura de ficción y ese desnudo se produce a través de la tela. En el edificio de la Secessión como base de reunión está tallado a modo de frontón: “Para cada tiempo su arte. Para cada arte su libertad.” Llamado también el templo donde se encuentra el freso maravilloso de Klimt “El friso de Beethoven”, junto a otras obras y ejemplares de la revista Ver Sacrum– primavera sagrada.

Guerra, cuerpos jóvenes desgarrados, mutilados, cadáveres dispersos, la atrocidad apestando el terreno. La obra de Karl Krauss es testimonio de ese tiempo desmembrado. Una obra que llama “Los últimos días de la humanidad” su gran collage de escenas vistas, oídas, inventadas resulta irrepresentable. Con casi más de 200 escenas, hecha entre 1914 y 1918 durante la guerra. Es sin duda los últimos días del imperio Austro Húngaro, de la Belle Epoque y también los últimos días de muchos de los más importantes artistas e intelectuales. La peste le arranca la vida a Otto Wagner, Egon y su maestro Gustav Klimt.

Klimt deja un cuadro sin terminar que tiene a una Eva y un Adán que lleva curiosamente algo del trazo de Egon. Es el triunfo de la vida sobre la muerte. Es Eva en primer lugar, en primer lugar la vida ante la catástrofe de la guerra y de la peste.

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Adán y Eva (1917-1918). Óleo sobre lienzo, 173 x 60 cm. Gustav Klimt.
Viena, Österreichische Galerie Belvedere, Schloss Belvedere.

Egon Schiele llega a retratar a su maestro y amigo en el cajón mortuorio desconociendo que unos meses después, su mujer embaraza de su único hijo que no llegó a nacer y él mismo, serían víctimas de esta calamidad. La familia, el último cuadro de Egon, curiosa obra para un artista tan controvertido. Llamado en el catálogo de la Secessión “Pareja humana en cuclillas” (1918), recordemos que es la obra inconclusa del artista. Me interesa más allá de cómo fuera nombrado luego por otros, lo que el artista nos transmite, aferrado al pincel en su cama en moribundo estado febril no suelta el trazo que lo inmortaliza, trazo innegablemente humano.

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La Familia o Pareja humana en cuclillas (1918). Egon Schiele.

 

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Silvana Tagliaferro, Psicoanalista. Licenciada y Profesora en Psicología de la UNLP. Desde el cuarto año de la carrera comenzó su formación psicoanalítica. Integrante de la Cátedra de Clínica de Adultos y Adolescentes de la UNLP de 1998-2004. Trabajo en Clínicas Neuropsiquiátricas durante 8 años. En el 2004 fundó junto con otros colegas la Escuela Freud-Lacan de La Plata. Ha participado en la Comisión Directiva fundadora y en el cargo de Presidente de la Escuela durante la gestión 2011-2013. Despliega su práctica clínica en La Plata y en Bs. As. Supervisora de la Residencia de Psicología de PRIM Moreno, del HIGA Hospital San Martín de La Plata, Hospital Alejandro Korn de Romero. Ha presentado trabajos en diversas revistas del ámbito psicoanalítico y participado en los Congresos de Convergencia, Movimiento Lacaniano por el Psicoanálisis Freudiano y en la Reunión Lacanoamericana de Psicoanálisis. Desarrolla en el espacio de seminario en la EFLA y en varios grupos de convergencia su investigación clínica.

 

2 comentarios en “Paspartú. Esquizia #3. Egon Schiele y el erotismo sacro de los cuerpos. Por Silvana Tagliaferro.

  1. Excelente texto de Silvana Tagliaferro.
    El erotismo, el deseo en la obra de Schiele como en la de Klimt, su maestro,frente al desgarro de cuerpos enfermos, destrozados por la peste y la guerra. El rescate de la estética no sin una ética.Necesario en los tiempos actuales historizar desdevlacoestexde Atenas con la ira de la diosa Hera.
    Se me ocurre la palabra saludable.

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