Corresponsales de urgencia. Por Manuela Fernández.

Hoy, en este contexto de confinamiento, aislamiento social obligatorio y amenaza de muerte a causa de un virus del que casi nada sabemos, vivimos con la sensación de que mucho de lo que fue dicho “antes de” está perimido o ahora, ya mismo, no es de  utilidad. Al desasosiego se le suma, por contraste, el requerimiento de representaciones que den cuenta de lo que pasa y nos pasa. Por estos días lo único que a algunos nos mantiene medianamente en paz es leer a quienes se animan a decir, aunque se equivoquen o sepan que lo que arriesgan es provisorio y hasta erróneo. Ante el espesor de la incertidumbre, se patentiza la necesidad de discurso, de ficción, de metáforas que nos ayuden a habitar un mundo que se parece mucho a un ultimátum.

En el margen inaugura, esta nueva sección. Nueva, no sólo porque es otra distinta a las que ya existen, también porque aquí no se hablará estrictamente de psicoanálisis. Esto último por dos razones:

  • Afirmamos fuerte que es necesario para la existencia, no sólo de las personas sino también de los discursos, entrar en contacto con lo otro. Más todavía, si lo otro también es lo que estamos atravesando.
  • De todos modos y pese a todo, continuamos dentro de la ética del decir. Una ética que lanza a la totalidad del Logos (el modo como Lacan mencionó a la comunidad en tanto soporte de la dimensión simbólica) otra cosa que datos,  y, a la vez que procura seguir diciendo, continúa tramando lo que urge.

Dadas las circunstancias, llamamos a esta sección Corresponsales de urgencia.

Después de los textos de Marc Caellas y Macarena Trigo, continuamos con un artículo de Manuela Fernandez, psiconalista, a quien le agracemos mucho también por haber escrito su texto en las dos lenguas (portugués y español).

Editorial, Helga Fernández y Facundo Soares. Con la ayuda y la complicidad del grupo Virus.


Manuela Fernandez es psicoanalista. Vive en la ciudad de Niterói, en el Estado de Río de Janeiro.
 
Pasa sus días en cuarentena,  acatando el decreto del Estado, junto a su familia y cuidando a hija de 11 años de edad. Continúa con su práctica analítica a través de dispositivos electrónicos. Por estos días perdió a un ser querido a causa del Covid19 y tuvo otros familiares enfermos que ya están curados. 
 
Coordina un equipo en un Ambulatorio de Salud Mental de la misma ciudad en la que vive. Trabaja en la Secretaría de Educación de Río de Janeiro y es miembro de la Escuela de Psicanálise Praxis Lacaniana. 
 
Desde la editorial decidimos, en primer lugar, publicar el artículo de Manuela en su lengua y seguidamente en español.
 
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Playa de Ipanema, con vista al Vidigal (una comunidad/favela), en tiempos “normales”.
 
 
 
Que dizer sobre o que estamos vivendo, sobre esse distanciamento social, esse isolamento social, sobre o medo de algo invisível, incontrolável, imprevisível… Transitamos entre o medo e por vezes a negação desse real que se apresenta e que nos coloca diante de um impasse de uma difícil realidade, nos tirando a sensação de alguma ideia de proteção diante da morte. A morte dos corpos, a morte dos sonhos, a morte daquilo que construímos dia após dia nos nossos fazeres, com trabalho e investimento…
 
Impossível não recorrer a Freud, a Lacan, aos poetas e escritores que ao dar lugar a fala, a escrita, enfim a criação singular de cada sujeito, nos possibilitam escandir um espaço, um tempo e ar diante de tanto sufocamento…
 
Diante da angústia, a angústia diante desse novo, inesperado, incontrolável e invisível que uma pandemia nos coloca, retorno a Freud e Lacan, para citar o ponto fóbico na estruturação das neuroses.  A fobia como um tempo na estrutura, um tempo necessário, uma placa giratória, uma equação simbólica que equilibra, regula, e que tem por princípio conduzir o sujeito a procurar um objeto atemorizante, através do medo, medo de um objeto localizável que vem para nos proteger da angústia de castração.
 
Qual seria esse objeto do medo na ordem do dia? Um vírus? Um vírus invisível? Quem porta esse vírus? Nós, humanos, carreadores do mal, da peste? O que essa pandemia reatualiza no que tange as nossas fobias infantis? O que essa pandemia desnuda?
 
Como dizia Albert Camus:
 
“Lo peor de la peste no es que mata a los cuerpos, sino que desnuda las almas y esse espetáculo suele ser horroroso”.
Um desnudar do outro como nosso inimigo, um estranho tão próximo o qual pode nos infectar e até mesmo matar…
 
Um desnudar da guerra, uma guerra contra um vírus em meio a tamanho egoísmo, ganância, segregação, em meio ao capitalismo revestido de neoliberalismo desenfreado, em meio ao império do “the time is monay”, do império do lucro custe o que custar, nem que para isso custe vidas e empilhe corpos.
 
Um desnudar da ditadura capitalista, que antecipa e cria o caos da produção, fazendo produzir para consumir, colocando o sujeito como objeto de consumo, ele mesmo como objeto nesse discurso constante e soante, em que é necessário fazer o tempo todo.
 
Essa pandemia desnuda que a crise da saúde não vem separada da crise econômica, a qual nos afeta sem precedentes.
 
Desnuda que a saúde precisa ser gratuita , pública, que nosso bem estar social não são custos ou encargos, mas sim bens preciosos, e que esse tipo de bens e serviços devem estar fora da lei de mercado.
 
Desnuda que a arte existe para que a realidade não nos destrua.
 
Desnuda que a desigualdade social vem cobrar seu preço, o qual é muito alto.
 
O que reinventar aí nesse ponto de tamanha destruição e devastação? Esse é um desafio que nos convoca a rever e nos perguntar sobre a maneira como viemos nos enlaçando com o outro. 
 
E nesse ponto não posso deixar de trazer um trecho de Freud extraído da Carta a Einstein de 1932 “Por que a guerra?”. Palavras, escrito, tempo, espaço, ar, que a mim me faz seguir apostando:
 
“Se a disposição a guerra é uma decorrência da pulsão de destruição, então será natural recorrer, contra ela, ao antagonista dessa pulsão, a Eros. Tudo o que produz laços emocionais entre as pessoas tem efeito contrário à guerra (…)Tudo o que promove a evolução cultural também trabalha contra a guerra”.
Aposto que seja possível nos reinventarmos, nos enlaçando sustentados em novas bases, bases essas nas quais a cultura e a arte tenham seu devido valor, bases essas nas quais a saúde não seja privada, já que a saúde de todo o mundo depende da saúde de todos os outros. Por isso penso ser o isolamento um ato de renúncia, renúncia a nossos interesses próprios, renúncia que possibilita que possamos dar lugar ao cuidado com o outro, renúncia a um gozo desenfreado, renúncia que nos exige darmos tempo, que nos exige espaço, que nos exige reinvenção para que possamos abrir a essa dimensão que nos permite um pouco mais de ar sem que nos sufoquemos em nossos egoísmos.


¿Qué decir sobre lo que estamos viviendo, sobre el aislamiento social y sobre el temor a algo invisible, incontrolable, imprevisible? Nos movemos entre el miedo y, a veces, a partir de la negación de un real que se presenta y nos pone adelante de un impasse y de una realidad difícil, quitándonos el sentimiento de cualquier idea de protección frente a la muerte. La muerte de los cuerpos, la muerte de los sueños, la muerte de lo que construímos día tras día en nuestro trabajo y en nuestras apuestas …
 
Es imposible no recurrir a Freud, a Lacan y a los poetas y escritores que, al dar paso al discurso, la escritura -en resumen, la creación singular de cada sujeto- nos permiten desplegar un espacio, un tiempo y nos traen un aire frente a tanta sofocación …
 
Ante la angustia lo nuevo, inesperado, incontrolable e invisible que nos plantea una pandemia, vuelvo a Freud y Lacan, para citar el punto fóbico en la estructuración de las neurosis. La fobia como un tiempo en la estructura, un tiempo necesario, una placa giratoria, una ecuación simbólica que equilibra, regula y que tiende, al principio, a llevar al sujeto a buscar un objeto temeroso, a través del miedo a un objeto localizable que llega a proteger de la angustia de la castración.
 
¿Cuál sería el objeto de miedo en la orden del día? ¿Un virus? ¿Un virus invisible? ¿Quién porta este virus? ¿Somos humanos, portadores del mal, la peste? ¿Qué actualiza esta pandemia sobre nuestras fobias infantiles? ¿Qué desnuda esta pandemia?
 
Como dijo Albert Camus:
 
“Lo peor de la peste no es que mata los cuerpos, sino que desnuda las almas y ese espectáculo suele ser horroroso”
Un desnudar del otro como nuestro enemigo, un extraño tan cercano que puede infectarnos e incluso matarnos …
 
Un desnudar de la guerra, una guerra contra un virus en medio de tal egoísmo, avaricia, segregación, en medio del capitalismo, devenido neoliberalismo desenfrenado, en medio del imperio “the time is monay”, del imperio de la ganancia a toda costa, incluso si cuesta vidas y acumula cuerpos.
 
Un desnudar de la dictadura capitalista, que anticipa y crea el caos de la producción, haciendo que la producción se consuma, colocando al sujeto como un objeto de consumo, a sí mismo como un objeto en este discurso constante y sonoro, en el que es necesario hacerlo todo  al mismo tiempo.
 
Esta pandemia revela que la crisis de salud no está apartada de la crisis económica, y que ambas nos afectan sin precedentes.
 
Desnuda que la salud debe ser gratuita y pública, que nuestro bienestar social no es un costo,  sí un bien precioso, por lo que ese tipo de bienes deben estar afuera de las leyes del mercado.
 
Desnuda que el arte existe para que la realidad no nos destruya.
 
Desnuda que la desigualdad social llega a tomar su precio, que es muy alto.
 
¿Qué reinventar allí en este punto de tal destrucción y devastación? Este es un desafío que nos llama a revisar y preguntarnos sobre la forma en que nosotros hacemos enlaces con el otro.
 
Y en este punto no puedo dejar de traer un extracto de Freud de la Carta de 1932 a Einstein “El por qué la guerra”. 
 
Las palabras, la escritura, el tiempo, son el espacio, el aire, lo que me hace seguir apostando:
 
“Si la disposición a la guerra es el resultado de la pulsión de destrucción, entonces será natural recurrir, en contra, al antagonista de esa pulsión, a Eros. Todo lo que produce lazos emocionales entre las personas tiene un efecto contra la guerra (…) Todo lo que promueve la evolución cultural también funciona contra la guerra ”.
 
Apuesto que sea posible reinventarnos, enlazarnos sostenidos en nuevas bases en las cuales la cultura y la arte tengan su debido valor, sobre las que la salud no sea privada -ya que la salud de todo el mundo depende de la salud de todos los demás-. Por eso creo que el aislamiento es un acto de renuncia, renuncia a nuestros propios intereses, renuncia que nos permite dar paso al cuidado de los demás, renuncia al goze desenfrenado, renuncia que nos exige dar tiempo y espacio, que requiere reinvención para que podamos abrir a una dimensión que nos permita un poco más de aire, sin que  nos sofocarnos en nuestro egoísmo.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 

 

 

Un comentario en “Corresponsales de urgencia. Por Manuela Fernández.

  1. Muy importante leer sobre nuestros miedos, angustias, dudas y hasta sobre nuestra rutina delante de la pandemía. ¡Vamos a vencer! ¡Quédate en casa en este periodo!

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