Corresponsales de urgencia. Por Roque Farrán.

Hoy, en este contexto de confinamiento, aislamiento social obligatorio y amenaza de muerte a causa de un virus del que casi nada sabemos, vivimos con la sensación de que mucho de lo que fue dicho “antes de” está perimido o ahora, ya mismo, no es de  utilidad. Al desasosiego se le suma, por contraste, el requerimiento de representaciones que den cuenta de lo que pasa y nos pasa. Por estos días lo único que a algunos nos mantiene medianamente en paz es leer a quienes se animan a decir, aunque se equivoquen o sepan que lo que arriesgan es provisorio y hasta erróneo. Ante el espesor de la incertidumbre, se patentiza la necesidad de discurso, de ficción, de metáforas que nos ayuden a habitar un mundo que se parece mucho a un ultimátum.

En el margen inaugura, esta nueva sección. Nueva, no sólo porque es otra distinta a las que ya existen, también porque aquí no se hablará estrictamente de psicoanálisis. Esto último por dos razones:

  • Afirmamos fuerte que es necesario para la existencia, no sólo de las personas sino también de los discursos, entrar en contacto con lo otro. Más todavía, si lo otro también es lo que estamos atravesando.
  • De todos modos y pese a todo, continuamos dentro de la ética del decir. Una ética que lanza a la totalidad del Logos (el modo como Lacan mencionó a la comunidad en tanto soporte de la dimensión simbólica) otra cosa que datos,  y, a la vez que procura seguir diciendo, continúa tramando lo que urge.

Dadas las circunstancias, llamamos a esta sección Corresponsales de urgencia.

Continuamos con un texto de Roque Farrán, a quien le agradecemos mucho.

Editorial, Helga Fernández y Facundo Soares. Con la ayuda del grupo Virus.


Roque Farrán nació en Córdoba en 1977, durante otro gran encierro: la dictadura militar. No es que este nuevo confinamiento lo encuentre preparado, pero algunos anticuerpos ha ido cultivando a través de la escritura y otras prácticas de sí.

Publicó los libros Badiou y Lacan: el anudamiento del sujeto (Prometeo, 2014), Nodal. Método, estado, sujeto (La cebra/Palinodia, 2016), Nodaléctica. Un ejercicio de pensamiento materialista (La cebra, 2018), y El uso de los saberes. Filosofía, psicoanálisis, política (Borde perdido, 2018); editó junto a E. Biset Ontologías política (Imago mundi, 2011), Teoría política. Perspectivas actuales en Argentina (Teseo, 2016), Estado. Perspectivas posfundacionales (Prometeo, 2017), Métodos. Aproximaciones a un campo problemático (Prometeo, 2018). Además de escritor e Investigador Adjunto del Conicet, Doctor en filosofía y Licenciado en Psicología por la UNC, y miembro de los Comités Editoriales de las Revistas Nombres, Diferencias y Litura. Todo su trabajo de escritura, investigación y pensamiento se orienta al cuestionamiento radical del neoliberalismo en todas sus formas, al que considera la prolongación de la dictadura por otros medios: el verdadero virus.

 

La filosofía es un acto.


Rita Segato dijo en una entrevista reciente por C5N que le parecía crucial salir a disputar las narrativas que se construyen ante lo real que nos presenta el virus; esa era más o menos su idea, incluso habló de un “Estado materno”. En una breve intervención escrita junto a Jacinta Gorriti, preferimos hablar de “Estado de los cuidados”(1) antes que de “Estado maternal”, porque el cuidado excede las funciones de reproducción y maternaje; el cuidado incluso puede ser ascético y firme, como lo muestran las prácticas de sí estoicas. En todo caso, lo distintivo del cuidado de sí es una reflexividad crítica y una puesta a prueba de lo sensible que son constantes. Consideramos que una orientación materialista del Estado, que vincule todas las instancias y prácticas posibles (salud, educación, trabajo, policía, etc.) desde la óptica rigurosa del cuidado, resulta indispensable para afrontar este delicado momento y lo que de aquí se siga.


Pero como el Estado no es Uno (el Leviatán, como se fantasea a menudo) sino que está compuesto por diversos aparatos (incluido el aparato productivo), la ideología práctica que se desprende de cada uno de ellos presenta una autonomía relativa que interpela distintamente a sus individuos como sujetos (según la clásica definición althusseriana).


Nos preguntamos en consecuencia cómo puede ser que en una situación de verdadera emergencia, con todas las medidas ejemplares que ha tomado el gobierno y siendo reconocidos en ello por diversos organismos internacionales (sindicales, financieros, de salud, etc.), no obstante persista la estructura ideológica que hace que un pequeño comerciante o empresario insignificante se solidarice con Rocca, sienta que el presidente se dirige a él mismo como a su Otro y no capte la diferencia material flagrante. Sucede que la estructura psíquica o ideológica (es lo mismo) de quien se limita a golpear una cacerola, no le permite pensar en medidas concretas y materiales (que incluso buscan protegerlo de la rapiña de los más grandes); se rige por la abstracción de un mérito y una jerarquía incuestionables en la que solo hay individuos más poderosos que otros y, por ende, hay que atarse rígidamente a esa cadena de mando imaginaria hasta el fin (de su propia empresa): Rocca es el que más dinero ha acumulado (no importa si abusando de todos) y de ahí para abajo hasta el último almacenero de barrio, todos son uno. Así funciona la ideología ab eternum.


Quizás la novedad no sea otra cosa que caer en la cuenta de lo antiguo, incluso arcaico que es todo aquello que se presenta; pues el acontecimiento resulta de considerar que lo que habitualmente se presenta no es presentado como tal, entonces abusamos de las facilidades de la re-presentación (por delegación y automatismo); pero cuando se nos presenta así: lo presentado en su presentación, entonces caemos en la cuenta también de lo impresentable (la dialéctica badiouana entre lo nuevo y lo viejo que suscitan las verdades). Eso puede producir horror o un modo inédito de hacerle lugar, incluso de no abusar de la representación. La vida se desenvuelve en una lucha obstinada, una lucha ontológica y material que subtiende las demás luchas, incluida la vieja lucha de clases. Aquella lucha se despliega entre la estupidez eterna del sálvese quien pueda y la solidaridad estructural que nos afecta en común. La captación de esa diferencia crucial atraviesa clases, ideologías, religiones, géneros o profesiones. La articulación de las diferencias secundarias depende siempre de la inteligencia material del tiempo: oportunidad de la intervención en nombre propio, de la especificidad de las prácticas y niveles, del entrelazamiento conjunto, etc.


La filosofía es una práctica más, entre otras. No entiendo por qué se les plantea a los filósofos la pregunta masiva ¿qué hacer?, o se les pide que dibujen escenarios futurísticos improbables y pronósticos esclarecedores; tampoco entiendo por qué algunos se apuran en responder a la demanda, haciendo como si supieran, cuando está a las claras que no. Está bien que cada práctica tenga sus limitaciones; por eso conviene ocuparse de su materia y, en todo caso, tener cierta receptividad lateral u oblicua respecto de lo que puedan aportar otras prácticas. Si para algunos se trata de análisis comparativos, sociológicos o historiográficos, para otros en cambio de “más militancia” o escrituras poéticas del final, está bien; cada quién sabe. Ninguna práctica puede pretender totalizar el conjunto, ni inducir a que todos hagan lo mismo de igual modo. Si hay acaso alguna erótica o afectividad de los saberes que interpele al resto, e incremente nuestra potencia de actuar, depende de inscribir el significante de la falta en el Otro en nombre propio. Nada más.


Propongo transformar la histórica frase que se forjó durante el kirchenrismo, “la patria es el otro”, en función de una lectura lacaniana que considere la estructural falta en el Otro. La patria es más bien el significante de la falta en el Otro. Esto quiere decir, en primer lugar, que es un significante y como tal “representa al sujeto para otro significante” (según la clásica definición lacaniana); no es un término positivo en sí mismo ni tampoco un mero significante vacío que pueda ser llenado de forma ad hoc con cualquier contenido; sino que, en segundo lugar, indica la operación singular que se efectúa cada vez que se pronuncia un nombre propio: nominación por la cual el enunciado se iguala a su significación. Cada quien tiene que responder allí, de manera diferencial, ante la falta o inconsistencia del Otro. Por tanto, responder a la patria es un acto ético-político de invención singular-genérica.


Disputemos los relatos entonces a nivel de la misma matriz lógica que los engendra. Hay innumerables teorías que circulan acerca de la pandemia; no obstante, se pueden apreciar tres perspectivas irreductibles: (i) las que se dejan llevar por impresiones confusas, oídas o repetidas, y encuentran un único culpable, sea el murciélago, los chinos o Bill Gates; (ii) las que atienden a la serie compleja de causalidades sistémicas que nos han vuelto vulnerables históricamente, sea enfatizando el modo de producción, la técnica o la política; (iii) las que señalan que en última instancia la teoría, desprendida de la necesidad de explicación, es una sabiduría práctica que nos prepara para la muerte, de la mejor manera posible, sea haciendo uso de los placeres o ascéticamente. Para vivir, incluso en las condiciones más adversas, hay que saber morir. Pensemos viralmente: hay tres virus distintos que se encuentran operando en nosotros. Primero, el virus capitalista, ese que no te dejaba quieto ni un segundo en pos de la productividad o la miseria planificada. Segundo, el virus coronado, ese que ahora nos obliga al confinamiento y la quietud sin ninguna certidumbre respecto a nada. Tercero, el virus filosófico, ese que te propone hacer de la quietud y el confinamiento un momento reflexivo que te prepara para lo inexorable: tu propia muerte.


Ejercicios de filosofía antigua(2) a actualizar en el presente: meditar en la muerte, meditar en todos los males posibles, saturar la imaginación, examinar las representaciones, atenuar las pasiones como la ira, la melancolía, etc.


Por supuesto, el encierro también aumenta la susceptibilidad, la irritación, la ira, e incluso la paranoia. Casi todos necesitamos decir algo, proponer, aportar. Y está bien que así sea. También que haya quienes, por el contrario, deseen guardar silencio o permanecer sustraídos. Lo que no está nada bien es querer imponerle a los demás una perspectiva, menospreciar las otras, o llamar al silencio forzado. Decir no tiene por qué ser sobre o contra otros, puede simplemente ser un acto que se suspende del silencio, no espera rápidamente aprobación o repercusión ni reprime nada. Es decir, aprende a habitar una soledad común, compartida y dispar; habita la pulsión, no la reprime. Si es cierto, como decía Lacan, que la pulsión es el eco en el cuerpo del hecho que hay un decir.


La carta de Preciado sobre su breve enfermedad por contagio del coronavirus y el artículo de Forn sobre Primo Levi antes de su muerte, ambos publicados en Página 12(3), me hicieron recordar mi propia convalecencia. Cuando uno ha estado enfermo o al borde de la muerte quizás pueda transmitir algo valioso a los demás, pero no hay enseñanza cierta ni garantía de nada, porque como dice Spinoza: “Hombres [y mujeres] pueden ser afectados de distintas maneras por un solo y mismo objeto [o enunciado], y un solo y mismo hombre [o mujer] puede, en tiempos distintos, ser afectado de distintas maneras por un solo y mismo objeto [o enunciado].” No obstante la variabilidad propia de la constitución humana, hay un modo del pensar en acto que no sigue género ni especie, considera lo absolutamente singular de cada cosa desde la perspectiva de la eternidad, y así su práctica, más o menos rara e infrecuente, hace que excedamos nuestra condición finita, mortal, estulta por naturaleza. Si alguna vez han intuido un conocimiento así, tienen una idea al respecto y el registro afectivo de la alegría que ha suscitado, entonces confíense a ellos lo más que puedan y actívenlos, cual sea la experiencia que les toque pasar: eso los salvará de la desesperación y el patetismo ante la idea de la muerte.

Córdoba, 04 de abril de 2020.


(1) https://www.ieccs.es/2020/04/06/estado-de-los-cuidados-ante-el-coronavirus-el-ejemplar-caso-del-gobierno-argentino/

(2) https://lavoragine.net/leer-escribir-meditar/

(3) https://www.pagina12.com.ar/256540-paul-b-preciado-en-cuatentena-la-conjura-de-los-perdedoreshttps://www.pagina12.com.ar/257093-en-casa


 

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