Corresponsales de urgencia. Por Marc Caellas.

Hoy, en este contexto de confinamiento, aislamiento social obligatorio y amenaza de muerte a causa de un virus del que casi nada sabemos, vivimos con la sensación de que mucho de lo que fue dicho “antes de” está perimido o ahora, ya mismo, no es de  utilidad. Al desasosiego se le suma, por contraste, el requerimiento de representaciones que den cuenta de lo que pasa y nos pasa. Por estos días lo único que a algunos nos mantiene medianamente en paz es leer a quienes se animan a decir, aunque se equivoquen o sepan que lo que arriesgan es provisorio y hasta erróneo. Ante el espesor de la incertidumbre, se patentiza la necesidad de discurso, de ficción, de metáforas que nos ayuden a habitar un mundo que se parece mucho a un ultimátum.

En el margen inaugura, esta nueva sección. Nueva, no sólo porque es otra distinta a las que ya existen, también porque aquí no se hablará estrictamente de psicoanálisis. Esto último por dos razones:

  • Afirmamos fuerte que es necesario para la existencia, no sólo de las personas sino también de los discursos, entrar en contacto con lo otro. Más todavía, si lo otro también es lo que estamos atravesando.
  • De todos modos y pese a todo, continuamos dentro de la ética del decir. Una ética que lanza a la totalidad del Logos (el modo como Lacan mencionó a la comunidad en tanto soporte de la dimensión simbólica) otra cosa que datos,  y, a la vez que procura seguir diciendo, continúa tramando lo que urge.

Dadas las circunstancias, llamamos a esta sección Corresponsales de urgencia.

Iniciamos  la tirada con un texto de Marc Caellas, a quien le agradecemos desde acá hasta allá muy mucho.

 

Editorial, Helga Fernández y Facundo Soares. Con la ayuda del grupo Virus.


 

Marc Caellas es escritor, director de escena e instigador de proyectos culturales.

El 14 de marzo debería haber volado a México, pero acató las demandas, presiones o consejos familiares, políticas y afectivas, y se quedó confinado en Barcelona.

Ha publicado los libros Carcelona, Caracaos, Drogotá, Neuros Aires, y Teatro del bueno.

En los últimos años ha estrenado piezas teatrales que investigan nuevos formatos escénicos. Suicide notes (con David G. Torres), una instalación concierto; El inventor del paraíso (con Esteban Feune de Colombi), un biodrama que transcurre en un archivo fotográfico, Cielo TV (con David G. Torres), un programa de televisión a partir de una novela de no ficción o El alma griega, una propuesta de periodismo performativo.

Con Esteban Feune de Colombi también parió el Tatepo (taller de teatro potencial, posible y portátil) y El paseo de Robert Walser, obra de teatro a pie que se ha presentado más de 100 veces por distintas ciudades.

marccaellas.net

 

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Día 1

Confinamiento. Carcelona. Arresto domiciliario. Tiempo para leer o escribir. Tiempo para pensar. El confinamiento no es ni bueno ni malo, pero al ser impuesto genera rechazo, roces, fricciones. Bromas por las redes, el mismo tema todo el tiempo.

Cansancio. Aburrimiento. Tocará relajarse.

 

Día 2

Sábado por la tarde. Estábamos en algún lugar del Eixample, muy cerca de la pista de patinaje, cuando empezaron a hacer efecto las drogas. Recuerdo que dije algo así: estoy algo volado, mejor sacas tú a pasear el perro. E. me miró con mala cara, como si en lugar de buena mandanga le hubiera endosado metadona caducada. Así que, ni corto ni perezoso le quité la correa al consolador y se la puse al peluche y salí a la calle con ganas de gresca. Vi a un viejo paseando un radiador, a una vieja arrastrando un patito de plástico y a una pareja de chinos unidos por una extraña cuerda de colores. Las normas estaban claras: prohibido pasear. La única excepción era las putas mascotas, que ahora tienen más privilegios que nosotros. Pensé entonces que siempre quise tener una pecera, pero luego me di cuenta que debería conseguir una pecera con ruedas que me permitiera sacarla a tomar el aire porque los peces, incluso los de pecera, necesitan aire también….

 

Día 3

Duermo casi nueve horas desde que empezó el confinamiento, dos más de lo habitual. Tengo sueños agradables, estoy de un razonable buen humor, me siento física y mentalmente relajado. Quizás en estos momentos de crisis es cuando se pone de manifiesto que soy un “alma vieja”, como me dijo un astrólogo. Ando igual de disperso que siempre. Paso de un tema a otro. Pienso en amistades del pasado, en proyectos creativos del futuro, y en seguir viviendo este presente ciertamente monótono. La certeza que la vida no está tanto en los libros como en la calle. La vida es conversar con un amigo en un bar, dar un paseo con una amiga, tomar el sol oyendo los rugidos del mar, escuchar los pájaros al atardecer, perderte por una calle cualquiera o bailar en un club lleno de desconocidos. Quizás cuando volvamos a poder disfrutar de estos placeres que se escapan a la lógica del dinero seremos más hedonistas y menos miedosos. Ojalá.

 

Día 4

Pienso que este tipo de encierro no va a funcionar. Pretenden multar incluso a los que hagan ejercicio en las áreas comunes, tipo azoteas o patios interiores de los edificios. Me cuentan que en París cualquier persona que salga a la calle debe tener consigo un documento oficial llamado Attestation de Déplacement Dérogatoire, debidamente cumplimentado y en el cual especifique el motivo de la salida a la calle. Para el legislador francés sólo existen cinco posibilidades: desplazamiento entre el hogar y el lugar de trabajo; desplazamiento para comprar cosas de primera necesidad; desplazamiento por razones médicas; desplazamiento debido a una situación familiar apremiante; y desplazamiento relacionado con limitada actividad física individual, y las necesidades de mascotas. Uno no debe salir, advierten a los residentes de París, por ningún otro motivo, y jamás sin una copia impresa de este documento. En otras palabras, un salvoconducto, como en una zona de guerra. El Estado declaró la guerra a los ciudadanos.

 

Día 6,5

Escribir es siempre ponerse uno mismo en cuarentena.

 

Día 74

Es domingo y no tengo nada que hacer. Ni soñar me apetece, de tan buen día que hace. Lo disfruto con una sinceridad de sentidos a la que la inteligencia se abandona. Paseo como un empleado liberado. Me siento viejo, sólo para tener el placer de sentirme rejuvenecer. Fernando Pessoa en el Libro del desasosiego.

 

Día 82

Recibo un vídeo por chat en el que un presentador de un noticiero cuenta una triple denuncia que la policía foral de Navarra impuso a una señora de 80 años. Los cargos son: movilidad ilegal, actos obscenos y posesión de speed “para la nieta”. Después de cachearla, al preguntarle los policía la razón por la que deambulaba por la calle en estado de alarma la señora se levantó la falda, les enseñó sus partes íntimas y les dijo textualmente: aquí también podéis buscar. A la pregunta de qué hace usted con speed respondió: se lo estoy guardando a la nieta.

 

Día 2666

Trato de escribir, pero me distraigo fácilmente en las redes sociales o investigando sobre nuevos asuntos relacionados tangencialmente con la escritura. Esta mañana, por ejemplo, me obsesiono con Jack Vettriano, el pintor escocés, autor del cuadro The Billy Boys, cuya reproducción, aunque mutilada, fue usada en la portada de las ediciones de Anagrama de Los Detectives Salvajes. Dijo Herralde que el cuadro le recordaba a Reservoir Dogs, de Tarantino. Pienso en el cuarto hombre del cuadro, que quedó fuera de la portada ¿qué pensará el pobre? Pienso en la escena del duelo entre Belano y Echavarne en la playa de Sant Pol. Cuentan que Vettriano pasó de los 25 a los 39 años copiando a El Greco, Dalí o a los impresionistas. Vettriano copiaba a otros hasta que cayó en la cuenta de que, al hacerlo, se estaba enseñando a mí mismo. Fue autodidacta por obligación. Su abuelo fue minero, su padre fue minero, sus recuerdos son de vivir con poco dinero y mucho cariño. Vettriano confiesa que nunca tuvo una pareja duradera. Se siente como los personajes de sus cuadros, siempre a la expectativa, siempre buscando algo de amor a través del sexo. Una vez le pidieron a Bolaño consejos para un joven escritor y el escritor chileno respondió que viviera, leyera y follara mucho. Para Bolaño, como para Vettriano, el sexo es una fuerza muy poderosa, fuente de energía. Vettriano actúa y viste como las parejas que pinta y que fantasea con ambientes que desconoce, como ese Caribe que deja traslucir algunas de sus mejores pinturas. A Vettriano se la suda que los críticos desprecien sus pinturas y las etiqueten como soft porn. El mundo del arte siempre mira lo sexual con una mueca de desdén, al igual que los críticos literarios obvian el sexo como motor y fuente de inspiración en algunos de los más brillantes escritores, como Roberto Bolaño, David Foster Wallace o Lucia Berlin, por mencionar a tres. Los grandes artistas saben del poder del sexo, de cómo convierte a la gente en mentirosa, de que cómo se convierte casi en la única razón por la que uno traiciona a sus seres más queridos.

 

Día -23

Salgo a pasear poco antes de comer. No me siento ni irresponsable ni temerario, ni siquiera rebelde, simplemente me dejo llevar por el sentido común que me indica que no tiene ningún sentido que deje de hacerlo. Si los que tienen perro pueden pasearlo, yo también puedo pasear al animal que llevo dentro, un animal que se resiste al confinamiento extremo. En cualquier caso, por si hiciera falta, tengo excusa para estar en la calle. Mi madre me pidió que le compre cuatro manzanas, cuatro kiwis, dos plátanos, cuatro yogures naturales y un pack de seis botellas de agua mineral de litro y medio cada una. Mi madre es muy especial para la comida. Un sol primaveral me acompaña en mi caminata calle Roger de Flor arriba. Constato nuevamente la cantidad de gente que tiene perro. Sospecho que cada perro es paseado por varias personas. Hoy, en otra vida, hubiera tenido que montarme a un autobús ADO en Ciudad de México que habría llevado hasta Xalapa, donde Tania y Gomagu me hubieran recibido con un abrazo impregnado de mezcal. En su honor he comprado en la bodega de Joanic una botella, a un precio prohibitivo.

 

Día 11

Leo que una empresa británica dedicada a ropa para fetichistas a los que les pone el rollo hospitalario ha donado todo su stock a la sanidad pública británica para personal médico de verdad.

Leo que, en Nápoles, un hombre llega al cajero del supermercado y, cuando va a pagar, extiende los brazos. Las personas gritan: “Llama a la policía, no tiene dinero”. Otros: “No puede comer, no compró champán, compró lo esencial”.

Leo que la actriz porno Amarna Miller se ofrece como psicóloga para resolver dudas sobre ansiedad y estrés. “No tengo formación académica relacionada con la psicología pero a nivel personal llevo muchos años formándome e investigando sobre inteligencia emocionala” afirma.

Leo que por culpa del aislamiento la gente se la pasa dándole patadas a un rollo de papel higiénico, cantando canciones y proponiendo retos pedorros, actividades que en vez de dar esperanza dan ganas de morirse.

Leo que lo bueno del teletrabajo y de hacer reuniones por skype, es que debajo de toda esa profesionalidad a lo mejor tienes unas bragas tiradas en el suelo.

Leo que las mundialmente reconocidas destilerías puertorriqueñas Bacardí y Serrallés, y la no menos prestigiosa Santa Teresa de Venezuela decidieron destinar una parte importante del alcohol que hasta ahora se usaba en la producción de ron a la fabricación de gel desinfectante, antisépticos o al envasado de alcohol de graduación aprobada para uso sanitario.

 

Día 33

Hoy me siento como James Stewart en La ventana indiscreta. Me dispongo a espiar a los vecinos del edificio de enfrente. Antes de las once es buena hora para observarlos. Es la hora en la que el sol alumbra sus terrazas. Madre e hija de sexto se hacen un selfie con gafas de sol. Padre e hija del segundo desayunan. Vieja del cuarto riega las plantas. Joven del segundo lee la prensa en el móvil. Viejita del quinto se desplaza lentamente por el comedor. Joven del tercero toca la guitarra para su hijo. Madre e hija de otro segundo se sientan en una silla verde. Señor del quinto habla a los gritos por el móvil. Señora del cuarto observa a los numerosos paseantes de perros. Cada ventana es la semilla de una historia que no inventaré. Ni nadie me lo pidió ni tengo la suficiente energía o talento para la creación. No tengo imaginación. Quizás pueda suplir mi falta de imaginación con mi mirada. Una mirada singular, afilada o desviada. Una mirada hipermétrope. Una mirada viciada, y viciosa también. Recuerdo que César Aira dijo en una entrevista que la imaginación está sobrevalorada, que, con todo su prestigio, es redundante, porque no se puede imaginar más que con los pensamientos e imágenes que uno ya tiene, en todo caso mezclándolos y recombinándolos. Que nunca hay nada realmente nuevo. También dijo que la imaginación es una construcción cultural europea, que las lenguas orientales, y otras, no tienen la palabra, ni el concepto de nada que se parezca a nuestra «imaginación». Que lo que necesitaríamos serían construcciones nuevas, no seguir reciclando las viejas, tan gastadas que ya se ve a través.

 

Día 2001

Esta noche fue la primera con insomnio. No me dormí hasta casi las cinco. Muchas cosas en la cabeza dando vueltas, como cuando fumaba marihuana y me entraban las paranoias. Creo que voy a dejar Twitter y Facebook durante unos días. Necesito tiempo y espacio para pensar, sentir, respirar. Ando agitado por la casa, como lobo enjaulado. Pero no es tanto por el confinamiento, que un poco sí, como por la certeza, que me asaltó ayer, de estar rehuyéndole al replanteamiento vital que debo afrontar.

 

Día XVIII

Esteban me señala una cuenta en Instagram donde traducen al castellano de Argentina un poema del artista Joseph Beuys.

DÉJATE CAER

Aprendé a observar serpientes.

Sembrá jardines imposibles.

Invitá a alguien peligroso a tomar té.

Hacé pequeños personajes que digan

SÍ y repartilos por toda tu casa.

Hacete amigo de la libertad

y de la inseguridad.

Alegrate por los sueños que vienen.

Hamacate tan alto como te sea posible

a la luz de la luna

Soñá sueños salvajes llenos de fantasía.

Dibuja en las paredes.

Lee todos los días.

Imaginate que estás hechizado.

Reíte con los niños,

escuchá gente vieja.

Cultivá diferentes estados de ánimo.

Negate a “ser responsable”

… Hacelo por amor.

Cree en la magia.

Reí mucho.

Bañate a la luz de la luna

Soñá sueños salvajes llenos de fantasía.

 

Día 86

Me escribe una amiga. Dice: tu escritura chisporrotea. También en la novela. Es fea palabra chisporrotea, pero es la que ha venido muy fuerte a mi cabeza. Podría ser burbujea, que es más bonita, pero no, porque las burbujas son algo más suave, más redondo, más frágil y tus frases no son así. Es más unas ideas chocando contra otras y sacando chispas.

 

Día 007

Voy al supermercado y compro fruta, verduras y yogures para casa, y fruta, verduras cereales, jamón y hamburguesas de ternera para mi madre. Cargo las dos bolsas paseo de San Juan arriba. Mi madre deja la puerta abierta y me habla desde el comedor, a unos cuatro o cinco metros de distancia, social distancing que le llaman ahora, desde donde me indica que deje la bolsa en el recibidor, me pregunta cómo estoy, y me pide que le baje las bolsas de basura que dejó ahí mismo, en un rincón. Regreso por la calle Nápoles. Le tomo una fotografía a la persiana metálica de la librería La Caníbal. No había reparado nunca en el grafiti que la adorna, y en esa frase: “no me arrepiento de este amor”. Sigo andando y me fijo en la cantidad de negocios que se vieron obligados a cerrar por la pandemia. Pienso en lo innecesarios que son la mayoría de ellos. Pienso en las motivaciones de los que los pusieron en marcha. Pienso en las consecuencias de vivir en una sociedad organizada en empresas. Incluso quién no tiene una empresa o no trabaja para una se ve forzado a comportarse como tal.

 

Día 0

Ya nadie escribe los mails de la cuarentena

Ya nadie escribe canciones de amor

Ya nadie llora por mí

Ya nadie conocerá nuestra historia

Ya nadie quiere jugar con el payaso

Ya nadie se llamará como yo

Ya nadie vive en la casa

Ya nadie quiere enamorarse

Ya nadie tirita en invierno

Ya nadie es bajista

Ya nadie escribe cartas de amor

Ya nadie paga en negro

Ya nadie grita socorro

Ya nadie escribe tarjetas de Navidad

Ya nadie muere en casa

Ya nadie da y calla

Ya nadie toca el trombón

Ya nadie se arregla ni lleva joyas

Ya nadie llama por teléfono 

Ya nadie quiere ver publicidad

Ya nadie confía en nadie

Ya nadie llora por mí

Ya nadie se cree las promesas

Ya nadie aplaude a los robots

Ya nadie versea como Enrique Lihn

Ya nadie quiere venir a trabajar

Ya nadie se muere de gripe común

Ya nadie lee a Cela 

Ya nadie comenta en los blogs

Ya nadie me llevará al sur

Ya nadie quiere estar abajo

Ya nadie habla del año del móvil

Ya nadie baila


 

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